21 de mayo de 2017

Desdoblarse de tanto pasado.


En este domingo húmedo y gris de mayo,
decidí hacer aquello que un día prendió mi desvelo:
botar, tirar, echar fuera, todas las agendas recolectadas, en los últimos 30 años.
Una tareota suena,
pero no es tanta,
porque no siempre tuve agendas,
pero habrán sido unas 15.

Y lo hice con la convicción de quien necesita soltar,
soltar las amarras, cadenas, que oprimen,
que de querer partir, irme, volarme,
no puedo porque las maletas están demasiado llenas.



Y las boté,
disfruté el momento,
lo busqué,
uno en el que estuviera sola en casa,
sin miradas, sin juicios, sin comentarios que intentaran influir en una decisión tomada.

Me tomé el tiempo,
fui husmeando en mi vida sin orden,
cualquier agenda,
que en ese cualquiera me remontara a tiempos indefinidos,
sin leer nada,
por regla: sacar fotos, flores secas,
y en el camino encontré panfletos de cuando recién llegamos a Chile y era dictadura,
también los guardé,
pensé en mi papá, en su tarea de su vida, que guardaba y guardaba, todos aquellos registros que consideraba históricos. La vida misma lo es, así que intenté que los míos no dominaran mi tarea y arrojando agendas, quedara tapada en momentos de papel "históricos".


Y en ese adentrarse,
husmear sin leer, sin quedarse demasiado pegada,
fui sacando conclusiones sobre mi vida en estos 30 años:
hasta el 2000 mi vida giraba en torno a México, a Antonio, a mis compañeros de la primaria, de la prepa, los amigos de mis padres que se transformaron en el vivir, en los nuestros. Mi vida ha sido siempre totalmente "nostálgica". He vivido mirando hacia atrás y he vivido mirando la vida de los demás, observándolos en silencio, guardando, recogiendo, atesorando, pedazos de ellos, sus fotos, la servilleta, el recorte, lo que dibujaron en una hoja. No me avergüenza en lo absoluto, más bien me impresiona la capacidad y sobre todo el aguante que tuve durante tantos años, de ser tan solo la espectadora. Porque muchos de ellos y ellas, algunos más cercanos, incluso que otros, no me abrieron las puertas, menos los brazos.
Quizás es por eso que ahora, decido borrar, botar todo ese registro, porque aunque me costó y la evolución me costó mucha tristeza, desolación, sentimiento de sentirme nada, y en esa nada que late un tanto por ahí, pocos son los detalles, los objetos, las cosas, de las cuales me podría aferrar. Pero me siento feliz de este hecho, de botar, de arrojar, de despojarme de todo este pasado.



De este pasado vivido a por un México que ya no está,
por unos amigos que tampoco,
para colmo en este instante preciso canta a lo lejos, Rita Guerrero, que tampoco está, un tema de Rockdrigo González, que tampoco está y sin embargo, creyente absoluta del destino y que las casualidades no son tales, me digo "por algo será que Rita canta ese tema ahora para tí".

Esto de la vida,
de los tesoros, baúles de historia,
es un tema
y estoy haciendo lo que me dicta el corazón,
la piel y la sangre,
por si en algún momento hay que marcharse, volar, irse, evaporarse, hay mucho de mi, que no quiero que otros sepan. Se quedan los diarios de vida, tal cual diarios de vida y el que quiera leerlos, que aguante lo que en ellos descubrirá.


Pero en esta tarea que me avoca,
en esos años del 1986 hasta el 2000,
la vida era más ilusa, ingenua,
creía tanto en tantas cosas,
amaba tanto a tanta gente.

Y si bien mi papá murió el 2008 y eso fue un quiebre
y para qué decir el 2013 que murió mi mamá,
sé que el 2000 en más fueron años,
son años,
han sido años,
desteñidos, sin esa pasión, ese sazón que la intensidad de vivir aunque sea como espectadora, aunque sea amando a un México que ya no está, a los amigos que no existen, que muchos se evaporaron, esa vida para el que lea esto dirá "falsa", fue mi vida más plena.
La vida con sentimientos, con amor, con intensidad, con objetivos para continuar, para levantarse cada mañana, para ir y hacer y quizás también deshacer.



Después del 2000 todo cambió,
como el amor,
las ilusiones,
las fantasías
y mucho tiene que ver con que tuve que constatar a duros golpes que México no era lo que quería,
ya no estaba junto a mí encerrado, en mi burbuja de cristal,
sumado a la relación entre Antonio y yo,
que él nunca puso de su parte
y me cansé de hacerlo todo.

Creo que mucho de eso hay en esta historia,
la de mi vida,
me cansé de entregarle tanta energía a esta vida burbujeante que latía dentro de mi cápsula de cristal y a la que nadie llegaba. Será también porque no encontré el amor y la vida sin ese ingrediente, se torna bastante monótona, será porque descubrí que no es verdad que los amigos están ahí para uno cuando uno los necesite, aunque tu, yo, haya estado ahí siempre.
Tantas decepciones,
todas y cada una,
llega un momento inevitable
y ahora entiendo que por suerte llega,
en que una se cansa,
que ya no puedes generar el amor, la vida, la energía, todo, tu sola, todo desde un solo punto, sin recepción, sin señal de recepción, sin saber que le importas realmente a alguien más que a tus padres.

Mis padres,
ellos son tema aparte,
la vida se fue lentamente al carajo cuando se murieron,
cuando se marchó mi padre y yo estaba lejos
y sentí realmente que eso no podía estar pasando porque nosotros no éramos de esos humanos que pierden a sus padres antes de tiempo, nosotras, yo, éramos especiales, distintas, diferentes, habíamos sido iluminadas al nacer como la cenicienta por las hadas madrinas, a nosotras no nos pasaban esas cosas.
Y después de la muerte de mi mamá el 2013,
ahí sí que quedó la cagada,
el mundo ya no lo fue más,
nada significó nada
y en cambio todo el pasado,
incluído el vivido en este país, Chile, que no quiero ni tantito.

Todas las historias en común con mi único y verdadero amor,
mis únicos y verdaderos amigos, compañeros de soledades,
es decir, mis padres, mis abuelos paternos, mis mascotas,
fueron con ellos
y se fueron con ellos
y quedé vacía.


Y en este vació de sentirse, de pesarse y saber que el aire pasa por dentro y lado tuyo,
es que quisiera deshacerme de todo,
de todos los pesos para poder levitar tranquila,
volar, irme, desaparecer, evaporarme.

16 de abril de 2017

Abuelos queridos!!!


Mis queridos Titin y Marta,
Ayer pensé una vez más como cada año, antes que llegue este 16 de abril, en esa situación tan particular y que cada quien interpreta como quiere. Que el día del cumple de nuestro amado Titin, la Marta, su mujer, compañera, de toda la vida, decidiera morir.

Los malos dirán que fue por castigo,
porque pese a que no se notaba,
tu mi querido, amoroso, tierno, entretenido, encantador, abuelo Titin,
le habría hecho la vida imposible a la Marta y entonces ella,
decidió embarrarte este tu día.

Otros,
que lloramos ese día
y sentimos tanta pena que ella muriera
y tu cumple quedara un tanto opacado con tal dolor,
siendo el día de nacimiento de alguien tan sonriente, alegre y encantador como tu, mi abuelo Titin.


Y sin embargo,
cuando el tiempo siguió transcurriendo
y la pena nos acompañaba como parte de la vida,
sucedió que el día de tu cumpleaños en vida,
era también un momento de nostalgia y de memoria más,
más memoria también por tu compañera ausente,
que fue tu compañera toda la vida.

Y hoy que no estás tu y tampoco la Marta,
el 16 de abril concentra la memoria a por tu cumpleaños
y así también la memoria por el día que la Martuca nos dejó.
El mismo día para rememorarlos otro poco más.


Nunca te pregunté qué pensabas al respecto,
pero como siempre creí que tu y la Marta,
si se mantuvieron juntos tantos años,
toda la vida,
se amaban final de cuentas, le gustara a quien le gustara,
esto de irse el día de tu cumple,
no era una maldición,
sí una tristeza dejar de contar con su encantadora presencia,
de seguir sumando vida e historias a su lado,
pero de otra manera,
una forma de continuar unidos tu y ella,
ella y tu para nosotros,
por siempre jamás,
todos los 16 de abril de la vida.

Los amo, los extraño y los nostalgio!!!

14 de abril de 2017

Feliz cumple!!!!

Primito querido y ensoñado de la vida,
Perdona el atraso de un día,
pero en todo caso y después de todo,
en mi memoria y nostalgias,
estuviste todo el día.
Te quiero y te recuerdo siempre, siempre, de los azules caserones, siempre, por siempre CRA.

3 de abril de 2017

¡¡¡ Nueve años ¡¡¡

Querido Papito,
Nueve años ya, a un paso de las décimas....
tengo tantas ganas de verte,
contarte tantas cosas,
nuevas cosas que he aprendido, 
descubierto, encontrado
y quisiera compartirlas contigo y con mi mamá.

Los miedos,
las penas, las alegrías,
aunque las penas y los miedos, son todas a por la falta de ustedes,
al vació que dejaron,
ese lugar sin lugar, que pensé jamás llegaría a sentir,
siempre pensé que estarían siempre a mi lado,
que eran eternos,
que tendría tiempo, cuando más grande, de valorar y agradecer más la compañía por los tiempos juveniles, las conversaciones, los momentos gratos.

Siento una gran pena cuando pienso en que ya no están más a mi lado,
y que así seguirá siendo hasta que me muera
y deje de sentir,
ojalá también porque sí existe un otro lugar y en ese nos habremos de encontrar.

Estoy descreída,
deshabitada,
los colores nunca más brillaron como antes,
es como si la gracia de vivir,
valiera única y exclusivamente con  ustedes a mi lado,
con la Quetzi, los abuelos, los días felices en México....

26 de marzo de 2017

El ruido de las cosas al caer.

Que enteramente poético es este título.

Me decidí a leer esta novel, porque leí por ahí que trataba de un misterio. Y en mi creciente pasión por la resolución de éstos, gracias a mis inspectores, detectives y policías, escandinavos, que acompañaron mis vacaciones veraniegas, sentí que estaba bien sumar en lenguas castellanas.

También me tentó de sobremanera, que fuera el último libro que le compré a mi madre, una incansable devoradora de libros, quién en ese afán buscó e investigó sobre Vásquez y me pidió que se lo trajera, de mis viajes a países donde a la lectura no le pesa el I.V.A.

De hecho, la carga emocional, de adentrarme en la que fue la lectura última de mi madre, cooperó en que lo leyera en tan poco tiempo, no siendo precisamente la lectura veloz, mi característica personal. Aquello de ir encontrándome sorpresivamente con flechas o marcas, que ella anotó, hizo sentir un cierto aire de detective desentrañando los misterios familiares.

La novela de Juan Gabriel Vásquez, "El ruido de las cosas al caer", es realmente hermosa. Tiene un ritmo y una generosa descripción digna de la literatura decimonónica, aquella que con palabras y frases, es capaz de hacerte creer que estás viendo el rincón en el suelo, bajo la sombra, por donde entran las hormigas.  Detalle total de las personas, sus ropas, casa, calles, comida, sensaciones, pensamiento, reflexiones, que se trasladan en gloria y majestad, a la pluma de  Vasquez.

Y a través de ese ritmo y detalle para explicar y lograr que el lector entre en la historia y a veces sienta que es Antonio, otras Ricardo Laverde, Elaine Fritis, Maya Fritis, El Dorado, Bogota, todo eso es lo que viene, al menos para mí, a otorgar la distinción de gran literatura.

Cada frase que sumaba imágenes, sensaciones, páginas y páginas, que sumaban capítulos, me hacía volver a Colombia, a su candencia, calor, verdor y al peligro inminente de la capital de los ´80. No tienen cómo saberlo, pero yo se los cuento, que en 1975, cuando mis padres e hijas (yo), salimos de Chile a causa del golpe y que mi padre fuera exonerado de la U. de Chile, específicamente del Pedagógico, en estricto rigor íbamos a la aventura. En busca de un lugar, otro, para vivir y para que mi padre trabajara. Y lo que se abrió como posible destino, fue Bogotá, Colombia.

Ahí vivía un amigo chileno, de mis padres, casado con una colombiana encantadora y generosa, quienes nos acogieron. Lo que les cuento es lo que más o menos recuerdo, sumado a las historias familiares atesoradas en el tiempo, ya que para esos entonces, yo tenía cinco años y medio de edad y para colmo, llegué a Bogota ardiendo en fiebre a causa del sarampión del que me había contagiado, al parecer, en el barco que nos llevó hasta Guayaquil. Es decir, mucho de realismo mágico, tienen mis recuerdos, pero en ellos atesoro la sensación del cima cálido - caluroso, de la vegetación selvática, de los interiores de Colombia, que en los seis meses que alcanzamos a vivir allá, visitamos, conocimos, viajamos y nos llevaron. 

En esos tiempos, la década del ´70, América Latina se dividía entre los países que próximamente sufrirían golpes de Estado, versus los que serían los encargados de financiar los, por órdenes del alto mando, dígase Nixon. En esos tiempos, como cuenta el libro, Nixon cerró las puertas al comercio ilegal de marihuana, que era México, abriéndose a postulantes nuevos y el elegido fue Colombia. Quienes internaban la droga a USA a través de vuelos ilegales, que aterrizaban en Bahamas y de ahí a Miami y el resto la repartición para los consumidores. Así comenzaron los primeros grupos de narcotraficantes en Colombia y con éstos, las peleas de cárteles, en donde los que pagaban el pato, eran los que no recibían beneficios, tan solo la pronta inseguridad, los bombazos en recintos públicos y por tanto, el ostracismo de la vida social bogotana, quienes preferían reunirse con amigos, amantes, parientes, en sus casas, antes que salir a las peligrosas calles de la ciudad. Después se sumarían los atentados, bombazos y asesinatos, a cargo de sicarios motorizados, que daban muerte a candidatos Presidenciales, políticos influyentes y narcotraficantes enemigos. 

Y en ese contexto es que se desarrolla la historia de "El ruido de las cosas", en donde un profesor universitario, Antonio, por casualidades de la vida, conoce a un tal Ricardo Laverde y tras los acontecimientos vividos juntos, comenzará a hurgar en la vida de aquel hombre y su familia.
No sé si ofenderé a Vásquez, pero en sus descripciones decimonónicas, por lo maravillosamente detalladas, encontré el surrealismo mágico. De pronto sentí que no era una característica sólo propiedad de García Márquez, sino más bien, de todo aquel que le toca nacer y crecer, en países tan coloridos, cálidos, diversos, como México, Colombia. Unos, además por sus orígenes ancestrales, otros por la selva, el clima, verdor, colores, olores y sabores y todos ellos, por esa manera tan sensual, amistosa, amorosa, para relacionarse los otros y los unos. 
De tomar el tinto mientras llueve a cántaros y al mismo tiempo caen patos asados del calor y la lluvia parece una cortina de ducha por lo copiosa al caer. Para después en el decantar, salgan camaleones que confundiremos con lagartijas gigantes y escucharemos el croar de las ranas en el campo o tengamos que zarandear las chalas antes de calzarlas, para que no se aloje en el interior un alacrán, que con el peso de la planta del pie sienta la necesidad defensiva, de picarte su veneno.

El ruido de las cosas al caer, es una entretenida clase de historia sobre la Colombia de los años ´70 al ´90 y pico. Entre ficción, realismo, surrealismo e imaginación histórica, uno entiende tanto de ese país y aprende a quererlo, para no olvidarlo jamás y por supuesto, sentir a través de cada uno de sus personajes, que una es un poquito como ellos, volver a sentir el olor de la humedad, del tinto, de las frutas y las arepas. Como me ocurrió con "La historia de mi vida", de Leonardo Padura, otro cálido literato, que sabe cómo envolver y atrapar, cual droga a su adicto, al lector.

Y al terminar la novela,
en ese silencio que exige oscuridad,
para pensar, sentir, a la novela por completo y por separado,
quedar paralizada, en silencio, 
rememorando a cada uno de los personajes, sus historias únicas y colectivas, 
sentí ganas de leerlo nuevamente. 
Para después y aceleradamente, volver a leer, "Cien años de soledad" y después buscar otros libros de Vásquez y sellar esto con lacre y oro.

20 de marzo de 2017

Gregorio.


Confieso que perdí la cuenta,
pero no la memoria,
no este 20 de marzo,
el mismo y distinto,
distinto y el mismo,
en el que te llevaron y no volviste.

Yo estaba en el cumple del Emiliano
y cuando me fueron a buscar
o más bien a retirar,
me contaron que te habías ido,
que no se pudo hacer nada,
que estabas más mal de lo que parecía,
se notaba que ellos nunca descubrieron lo mal que estabas,
los dos sí que lo sabíamos.

Aquellas últimas tardes los dos juntos en la azotea de Gregorio Dávila,
juntos, juntitos
y los dos, solo tu y yo,
sabíamos que las cosas no estaban bien,
que todo pintaba extraño,
raro.

Y después apareciste en Chile,
cuidándome cuando las crisis venían y atacaban fuerte,
aparecías en la reja de alguna casa,
con tu pelo amarillo opaco,
tus ojos amarillos,
tus hermosos ojos amarillos,
que dilataban la pupila cuando me miraban.

Gracias por estar cuando no había nadie,
por conversar conmigo,
mirarme con esos ojos amarillos de pupilas dilatadas,
pensarnos,
conversarnos
y entregarme tanta paz a pesar de todo.

Ahora quedan los recuerdos,
porque no te volví a encontrar
o quizás pensaste que estaba mejor
o quizás podías aparecerte solo en contadas ocasiones
o quizás los permisos fueron por esos momentos,
de todas formas son inolvidables,
volver a verte en este país,
después de tanto tiempo,
fue maravilloso.

Gracias,
gracias por haber existido,
haber sido mi primer gatito,
mi gatito amarillo opaco, de ojos amarillos y pupilas dilatadas,
te quiero, te recuerdo, pienso en los viejos tiempos pasados y vividos juntos y siento algo ahí dentro que late, que mulle, que me sigue mirando.
Te quiero, te quiero te quiero.

11 de marzo de 2017

Ella no está muerta, solo ha despertado del sueño que es la vida!!!


Hablando conmigo misma,
pensando y reflexionando sobre la vida,
sobre la muerte 
o en los que la muerte se llevó,
no quito de la mente y corazón a  mis abuelos, 
mis padres, 
amigos, mascotas 
y la reciente partida de Fidel Castro.

Y justamente a por él,
como una figura trascendental,
marcadora y única,
- que a mi manera-, simboliza la historia de mis padres
y la que en ella, 
nosotras como hijas, 
vivimos a su lado, como los cinco que fuimos.

Y en el fuimos ,
de ese pasado cargado de nostalgias
recuedos, aromas y calideces,
surges cada año,
el recuerdo a tu partida querida Rita Guerrero, 
la Rita, nuestra Rita. 

La flaquita, energéticca, hermosa, 
idéntica a Bety Boop, 
"La palomita".
Aquella mujer directa,
sincera, franca, 
cariñosa, cálida, acogedora, maternal.
La amiga de mi hermana,
que se transformó en mía,
compañera, confidente.

La hermana mayor que me faltó,
que me acogió sin más,
la que me escuchó, aconsejó y jaló las orejas por necia y tonta.
Enojos y risas,
risas y más risas, esa risa de boca grande, labios delgados, delineados,
risa sonriente, de dientes perfectos, blancos.
La amiga, la jefa,
a veces mamá, acogedora, cálida,
cariñosa, regañona.

Rita Guerrero,
la mujer de la voz inolvidable,
sus historias retumban en mis oidos,
imágenes de vida, amores, esperanzas, aliento,
ensoñaciones, luchas.
Rita, querida Rita.
 
Y pensando y buscando,
hallé una frase hermosa, 
de otro como una, 
sigue firme en la memoria de no olvidar
intentando, 
hasta donde pueda, 
alcanzarte y gritar: 
 "Ella no está muerta, 
solo ha despertado del sueño que es la vida..."!!!!