15 de junio de 2018

Reencuentros.


Hace unas tardes atrás, salí a pasear como es mi santa costumbre y si bien no me alejé demasiado de mis territorios, avancé hasta Tobalaba con Colón, llevada hasta ahí, cual abejilla, por el aroma de algunas flores. Y en esas oloraciones estaba, cuando diviso una cuadra delante mío, a quien fuera el dueño de mi corazón, en los tiempo en que estudié en el Peda o UMCE.

Lo nuestro fue al más puro estilo romántico. Él era más grande, estudiaba para ser profe de una sola asignatura y yo seudo para ser profe de básica. Nos conocimos en el casino, un día que los pacos entraron al campus y en mi enorme valentía, salí corriendo en dirección del casino, donde los verdes de mierda se tomaron la molestia de encerrarnos. Cuando todo terminó, él, que venía con los dirigentes, fue a abrir las puertas que estaban encadenada por fuera y como soy azotada, en la más “Martin Guerre” el verlo destruir los candados dándonos la libertad, caí (metafóricamente hablando) a sus pies sin chistar, totalmente enamorada. Previo sonreirle, bien sonreído.

Lo que provocó que me echara el ojo y de ahí en más, excusa para volver a vernos, comenzó con su campaña de reclutamiento a las filas de la jota (la versión juvenil del Partido Comunista). Cada que me veía paseando por el campus del Peda, me saludaba y comenzaba con el bla, bla, de la importancia que una joven como yo entre al partido, la jota, el ejemplo a seguir, que mi padre, mi madre, la familia, tradiciones, los viejos comunistas. Y es que pucha caí que le gustaba hablar, pero como estaba enamorada, no me daba tanta cuenta, que a veces siempre, no me preguntaba nada de mi vida y además, que respiraba poco entre frase y frase. Lo bueno es que siempre fui regega en el arte de la captura militante, más que nada porque soy una condenada floja. Entonces en el tira y afloja intentando alcanzar la meta, terminamos besuqueándonos mucho, mucho, mucho.

Mauricio era su nombre, metro 70, es decir, un cachito más bajo que yo, piel blanca, ojos oscuros, pelo castaño claro, crespo, motudo, un pelín pasado de kilos o más bien barrigón, con lentes, bolso de telas coloridas que llevaba siempre cruzado sobre el hombro izquierdo y una pulsera de cuero café, que le compré y hasta que lo dejé de ver, no se la quitó jamás.

Era mi príncipe azul, jotoso y hipie, el ideal en materia de hombres, que andaba buscando (jajaja) sé que si se lo hubiera presentado a mi papá, le habría gustado, después le haría bulling para medir sus fortalezas y la verdad no sé si pasaría la prueba. 
Estuvimos juntos todo el tiempo que duré en la UMCE, que fue la enorme suma de doce meses y ni un día más. 

La cosa es que lo vi caminando hacia mí por avenida Tobalaba y lo reconocí pese a los chorro cientos años que no nos veíamos, dígase, desde que me fui de la UMCE, tiempo que siguió corriendo y sumando, ya que él no me buscó más. Será también por eso que me puse nerviosa al reconocerlo, aunque de nuestros ayeres no le quedaba casi nada, se había transformado en un flacucho anoréxico, sin crespos, ni anteojos y que en vez de lucir tenida hippie, ahora era onda deportivo, guácala. Mi primera reacción fue cruzar (o correr), pero era Avenida Tobalaba y la verdad, como Murphy siempre ataca, la luz verde me habría dejado bajo las llantas de un auto. Entonces respiré hondo mientras pensaba que con todo el tiempo transcurrido, él cambiado que solo un detective como yo podría reconocerlo, jamás me distinguiría porque digámoslo, el tiempo también había transcurrido por mi apariencia, sumado a que como él solo hablaba y hablaba, ya saben, aquello que dicen que el que  mucho bla, bla, no tiene tiempo de más que para mirar su ombligo.

Con esa idea tranquilizadora, continúe mis pasos, mirando hacia en dirección del muro, cosa de ladear la mirada. Nuestros cuerpos se cruzaron y cuando pensé que había salvado, escuché las palabras insospechadas: “Colomba, ¿eres tú?”. 

Mocos, el parlanchín, me había reconocido. Perpleja y pálida como quien vio a un muerto, solo pude asomar una leve sonrisa, asintiendo a su consulta. Entonces comenzó aquella conversación de:
-  ¿Qué haces por aquí?
-  Vivo por estos lares.
- Ah ¿si? pensé que era más cerca de la UMCE.
- No, para nada, vivo donde mismo, en la casa de mis padres, donde las personas que la habitan salen con los pies por delante.
- Hay Colomba, que humor el tuyo, sigues igual, de hecho estás idéntica. 
A lo que pensé: “ojala que no sean tan sinceras tus palabras, porque lamentablemente, no puedo decir lo mismo de ti jajaja”.

Como la cháchara no cesaba, tuvimos que ir a sentarnos a por ahí. Al principio ofreció tomarnos algo, estábamos en Tobalaba, la otra calle de los bares, cafés, restoranes y demases, pero zafé rauda porque la verdad quería continuar con mi paseo. Entonces terminamos conversando en una banca, por el lado de Sánchez Fontecilla. Durante una hora, nuevamente no paró de hablarme. En esta ocasión la temática fue ¿Qué había sido de su vida? Y por supuesto una vez que concluyó su monologo, me dijo y tu Colomba ¿Qué cuentas? Por un momento pensé en vengarme (jajaja) y largarle un discurso sobre mi existencia, más largo y latero que el suyo y con hartos, hartos detalles, de los innecesarios y quizás inapropiados. Pero para bien o para mal, no soy así y eso habría alargado la estadía. 

Entonces, le hice un estreñido resumen de mi vida, el que por supuesto no escuchó muy atento, porque en versión moderna, tenía entre sus manos el celular que silenció en su oratoria y ahora, vibraba y emitía sonidos, avisándole que el mundo estaba intentando vivir desde su maquinita y si no miraba, no lo invitaban a participar.

Fue ahí que aceleré la velocidad de mi historia y llegar a la parte en que uno dice y colorín colorado este cuento se ha acabado. Acto seguido me paré, mientras comenzaba a despedirme y así por fin, continuar mi paseo y por supuesto, omitir la frase de "ojalá nos veamos pronto", porque más bien era "que ganas de asesinarte tengo", pero a él, al parecer, le habían quedado algunos temas en el tintero, así que hizo cruce de piernas y decidido parlotear otro rato más, lo que me obligó a sentarme porque la cháchara era eterna, hasta que en un momento.... le paré en seco sus intensiones. 
- Mauricio, con la pena tengo que irme, debo ir a comprar cosas para la cena y mira nomás la hora que es. 
Intentó persuadirme de continuar el bla,bla, pero como ya estaba parada y con serias intensiones de continuar la marcha dijo:
- Bueno, pero al menos dame tu cel, tu email, para que no volvamos a perdernos de vista, como cuando te fuiste de la UMCE sin decir nada.
¿Qué, qué, what? Que yo me fui de la UMCE sin decir nada, onda que me fui ratonamente. 

Bueno, pa qué les cuento el zafarrancho que se armó. Entramos en las artes del "me dijo, le dije, que le dijera, que alguien me dijo, que tu amiga dijo que tu y que yo". Le aclaré que lo más bien que sabía de mi decisión de salirme de básica, también sabía tenía mi número de teléfono y también mi dirección. Los dimes y diretes que no nos dijimos años a, decidimos lanzarlos por avenida Tobalaba. Hasta que mutuamente nos hartamos, un poco como que nos reímos ante la situación, por un instante volví a ver a mi barrigoncito jotoso, que tanto me gustaba y supongo que él vio a la misma de hoy, pero en versión ayer. Nos besuqueamos un poquito, pero nuevamente fuimos interrumpidos por la modernidad, en versión sus palabras que dijeron:
- Y si vamos a un motel.

Aquí cada cual su cuento y sus ondas, en lo personal, me dieron ganas de darle un combo bien acomodado en la cara, porque no sé tú pero yo, soy de velocidad un poquito más lenta, que aquello de te hago un cariñito y ya te tengo en la camita poh.

Entonces volví a excusar lo de las compras, agregando que tenía invitados a cenar (el gato y sus amigos). A lo que me repitió:
- Ok, pero dame tu cel o tu email, y así planeamos otra junta, porque igual me gustaría recibir una carta tuya. Como esas que me escribías bien largas, con harto detalle y donde me repetías infinidad de veces, lo mucho que me amabas. 
Ahhh que me hervía la sangre, sumado a las ganas de mandarle un puñetazo.

Pero pensé que para poder irme, lo mejor era darle mi email, entonces se lo anote en el celular y el preguntó:
- Oye pero ¿Por qué le pusiste ese nombre tan raro? ¿Por qué no implemente Colomba Orrego? Oye tu siempre con tus cosas raras ¿eh? ¿Será por eso que estas idéntica? Porque no has cambiado nada, sigues siendo la misma rara de antes. Creo que es tu pose para demostrarnos que eres distinta y mejor que todos. Deberías replantearte estas cosas, porque llega un momento en que ser rara joven pasa, pero rara y adulta, es como freak ¿no te parece? 
- No, fíjate, no me parece. 
Intente contenerme, pero mi mano empuñada, ya se había encajado en su cara. 
Mientras me alejaba para cruzar la calle, le grité bien fuerte, por si aquello que no escuchaba:
- Creo que lo más inteligente que esta rara freak ha hecho en su vida, fue irse de la UMCE y no decirte nada.

FIN!

30 de mayo de 2018

Bajo mi almohada estás.


Cuantas más horas transcurren,
descubro que algo pasó,
nos pasó,
me pasó contigo.


¿Naturalizar el vínculo?
¿La espera?
Todavía no logro descubrirlo.....
y sin embargo lo siento en el aire,
como me voy con el aire,
sin esperar me veas ir.


Como te me vas volando en el aire,
sin poder evitarlo,
me queda el aroma,
las nostalgias,
vastas y tantas,
reales, creadas, ensoñadas, oníricas.


Siempre habrá una parte de mí que te amará,
no se puede luchar contra eso,
no quiero hacerlo,
no podría,
no quiero, no podría...


Existe un pero,
que no logro desentrañar,
¿deseo de control?
¿que me controles?
¿controlarte?
No lo sé.


Bajo mi almohada estás,
te busco todas las noches,
algunas te encuentro,
el aire está lleno de ensoñaciones a por ti,
hundiéndome entre las sábanas, vuelves a ser el de antes,
el que quiero para siempre...


Te amo
y podría vivir,
solo con esa certeza y tu recuerdo,
así quiero que sea.


Aquello capaz de extrañarte,
no necesitarte,
como antes,
acostumbrada al de ti,
que vive en mi interior.

28 de mayo de 2018

Lo que cuesta


Cuando apareces, me descentras,
basta que esté a punto de desprenderte
y apareces removiendo mis sutiles certezas.


No entiendes ¿por qué no contesto tus misivas? Es extraña la sensación de no recibir respuestas ¿verdad?


Una parte de mi disfruta vengarse,
la otra, solamente quiere alejarse.
Nunca entenderás,
porque son mis dolores,
mías las expectativas entristecidas,
las desilusiones.


No te intereso, tu a mí sí,
no me quieres, yo sí,
no te importo, tu a mí sí,
pero mi dignidad es más fuerte y en ella, no hay espacio para ti.


No quiero ni pensar en un encuentro,
aunque a veces lo ensoño,
después las voces internas susurran: 
no me quieres, tu no quieres a nadie.


Déjame en paz, 
no me busques, no me escribas, 
alojame en ese olvido,
 en el que me guardaste
y esta vez,
hazlo para siempre.



Ya no sé si fue amor u obsesión,
pero fue grande, intenso, latía con fuerza mi corazón,
mi piel queriendo tocarte,
llenarme de tu aroma y de ti
pero los desprecios y silencios,
terminaron todo.



A lo mejor nunca existí,
no para ti,
a lo mejor nunca me miraste,
no para ti,
a lo mejor nunca me sentiste llegar
y ya,
ya no me verás...



Déjame ir,
hasta ese lugar donde no me piensas,
no me ves,
menos me recuerdas,
quizás nunca fui,
no para ti
y ya no estaré más.



Regresa al lugar aquel,
donde dejé de importarte.

21 de abril de 2018

Dejar atrás.



Le pregunto a mi interior, ¿quieres alejarte para siempre de todo cuanto te lastima? Entonces, antes de responder pienso en lo construido para tener una vida feliz, no radiante pero feliz, y sobre todo en paz. Queriéndome y protegiéndome de aquello que quiera pasar arrasándome, de los que no me respetan, ni me ven, por lo tanto, no me quieren.

Sé que arrepentirse de lo vivido, solo acarrea frustración. Aconsejable es, reconocer los errores, aprender de ellos e intentar no cometerlos de nuevo. Entonces respondo, sí, quiero que lo malo, negativo, que no me ve, no me siente, ni me quiere, desaparezca para siempre, y queden conferidos, a un pasado, que pronto se diluya.

Para la vida presente y futura, quiero caminar, mirar árboles, observar al mundo, continuar mi práctica, escribir sin parar, ojalá leer más que hasta ahora, viajar y tener a mi lado, a la gente que quiero y me quiera.

Yo l@s quería por lo que eran, no porque l@s necesitaba. Ell@s solo me necesitan, pero no me quieren.

Gracias CRA, por este instante de memoria, para reflexionar y no olvidar, que tomo esta decisión como un mantra, en busca de la felicidad sin exageración, para mí y desde ahí para tod@ lo que me rodee.

10 de abril de 2018

Despedida.


Prometí no dejar que la pena adormeciera mis propósitos,
que la sorpresa alejara los días de dientes de león,
días de enamorada.

Porque la brisa que viajaba con tu presencia,
me hacía cantar,
mirar al mundo con ojos luminosos, coloridos y aromáticos.


Lejos quedaron los tiempos,
de aquellos que perdieron la fe en mi,
quedándose con historias erradas,
sin dejarme hablar
y alejándose para siempre de aquí.



No repetiré el error,
no dejaré que palabras de otros,
acallen, apaguen, la luz que proyectas en mi,
creo de ti lo que sé 
y con eso me quedo,
cerraré mis oídos entre mis manos,
mientras evoco lo que tu presencia dejó en mi,
agradecida siempre, siempre, jamás
al de ti, que habita en mi interior.



Prometí no dejar a la pena adormecerme,
que la sorpresa alejara los días de dientes de león,
días de enamorada.

Prometo,
tu nombre por siempre jamás, 
será memoria de aquellos días,
días de viajar agarrada a tu imagen,
brisa de días viajados,
cantándole a los árboles,
atesoro en la memoria tu imagen,
de días de caminatas contemplando el mundo luminoso y aromático,
nada cambiará,
ni lo que soñé,
menos lo que te enamoré...

7 de abril de 2018

A veintitrés horas antes.

Es la primera vez que me detengo a escribir en estas fechas,
espero que sea la última también,
ya que los motivos carecen de alegría.

Una parte de mi sigue sumando vida,
disfrutándola y no pensándola,
porque sé que de hacerlo,
inevitablemente caería en días como hoy.

Tanto, tantísimo que flota suspendido en el aire,
en esa nebulosa que rodea a mi burbuja,
tanto que no logro comprender,
que a veces,
torna mis horas de tonos opacos.

La otra parte de mí,
que está a veintitrés horas de un nuevo nacimiento,
se detiene un instante 
y comete la torpeza de pensar,
pero no de interrogantes por mi futuro,
hablaría mejor de mi, si así lo fuera,
sino que por pensar
e inevitablemente sentir.


Pensar en el que habita en mi interior,  
ese que no sé si existe
o si existió 
y sin embargo su ausencia lastima...


Alguna vez dijo que lo suyo era la gente
¿cómo puede ser eso cierto? Si no tiene educación, consideración, por gentes, entre esas, yo.
Intento alejar las formas, 
a veces también a las ideas, 
con las sensaciones es más difícil, 
a los recuerdos los traigo encima a cada instante,
conjugándose con las memorias,
las cuales, me trasladan a él.

Pero sé que terminaré topando con aquella muralla,
que responderá: "no lo conoces en lo absoluto, porque no existe, porque de él hiciste una idea, una imagen, que  solo habitan en tu interior".


En el pasado inexistente del hubiera o debería,
tomo el debería y le agrego quisiera.
Debería bastarme con la imagen,
con la esencia, 
aunque una sea falsa y la otra inexistente,
para salir a pasear y soplar dientes de león,
admirarme con la copa de los árboles,
abrazarlos.
Pero la insatisfacción que a mi ADN remito,
quiere, quisiera, quiero, quiere más.


Sé que pasará,
que lo olvidaré 
guardaré, como a los demás
y justamente porque todo indica que será así,
hago uso de los tiempos inexistentes como querer
y le agrego: querer con el corazón, con las venas llenas de sangre
solamente pensar en los momentos que sentí, presencié
llené de evocaciones. 



Por eso pido, 
jamás odiarlo, menos despreciarlo, 
simplemente olvido, 
desmemoriar su imagen,
enmudecer a sus palabras,
quedándome con el que habita en mi interior...

3 de abril de 2018

Una década.

Diez años papito querido,
una década como dirías,
tantos años sumados,
tanto tiempo lejos de ti.

Tantas historias que siguieron sumándose,
como las nostalgias que dejaste en mi,
en las tres gracias,
en la Blanquita
y cada uno de los todavía queridos y cercanos - lejanos amigos.

Papito mío y querido,
tanto que quisiera contarte, compartirte,
ahora que estoy más vieja, 
no creo que nunca sabia como tu, 
menos culta,
quizás un poquito más inteligente,
muy sentimental,
siempre nostálgica,
tanto que quisiera contarte, hablar de hija más grande, con mi papá amado,
mirarte a los ojos, tus ojos grandes de mirada romántica, acariciar tu cara papito mío, continuar muchos miles de segundos, contemplando tu carita, tus ojos, quisiera darte un beso. 



Ahora que los dos somos grandes,
que las pasiones podemos más o menos contenerlas,
y abrirte el corazón sin descalificaciones,
pensarte, pensarnos, compartir ideas, entender al mundo desde tu visión, cerrar círculos a través de tus palabras. 

Tantas veces que he pensé que eras eterno,
que tu y mi mamá estarían siempre a mi lado,
que los que faltaban, los que se iban, los que  morían,
eran otros, otros papás, los de otras personas, personas distintas a nosotros, distintas mal, porque nosotros "los cinco", somos, éramos, seremos, fuimos, somos, los más distintos, distinguidamente distintos, especiales, mágicos, sublimes, únicos e irrepetibles. 



No logro acostumbrarme al mundo,
encerrada en la burbuja que tanto odiabas,
me conecto con lo que quiero, lo que más quiero,
aquello que le da peso y sentido a mi vida, 
a la historia, a la que puedo construir.


Inmersa en un mundo que no me interesa, 
en el que casi estoy por inercia, 
donde los amigos dicen serlo y desaparecen, 
donde las personas que te quieren dicen quererte, estar y se alejan. 
Nosotros éramos los únicos para siempre, intensos, sinceros.



39 años pude disfrutarte, padecerte, quererte y viceversa,
años que marcaron la ruta. 
Nunca más encontré alguien que quisiera acompañarme a caminar, 
a recorrer la vida, el destino. 
No volví a toparme con nadie interesado en mi historia, en quien soy, para dónde quiero ir. 



Papito, papito, que pena que la vida sea así,
que malo que no fuéramos eternos y hoy como cualquier otro día,
pudieras estar a mi siempre lado, 
viendo como maduro,
como entiendo todo mucho más 
y aprovechar mil instancias para abrazarte, 
para decirte suave -casi imperceptible-, lo mucho que te quiero, 
lo feliz y orgullosa que soy por tenerte como papá, 
o orgullosa que soy de parecerme a ti.

Te quiero papito mío, amado, ensoñado, sublimado, único e irrepetible, te quiero, te quiero, te quiero, te extraño...