14 de octubre de 2019

El ángel de la barricada.


* De Diego Taitan.

Revoca las soledades que la adversidad destina a los rebeldes, aunque tal vez no su vida breve y establece una comunidad ubicua entre los vivos, los muertos y los no nacidos.

Podríamos reescribirlo así. Hay un cuadro de Paul Klee que se llama "Ángel True", en él está representando un ángel que se despliega en la historia y el porvenir, un ángel de invención y de memoria, un ángel multitud que camina de manera tranquila y firme sin que nos sea dado saber hacia dónde va.

Un ángel que asiste a los que no se cansaron, no está desencajado si no multiplicado, no mira hacia el pasado, ni hacia el futuro, si no en torno hacia dónde estás, como si buscara compañeros y con ellos y ellas, empezar siempre de nuevo.

Son los rostros del pasado en el corazón del presente, vueltos hacia los que continúan la obra emancipadora que retoña una y otra vez para romper la piedra.

Tiene las alas desplegadas como si quiera con ellas, dar cobijo de las generaciones e impulsarlas otra vez a la acción.

Sí el ángel de la barricada debe tener este aspecto – y muestra el cuadro de Paul Klee-, eso es la memoria disruptiva que logra que nos reunamos en aquellos que llamábamos los colectivos, la constelación de luciérnagas en la noche oscura que vivimos y la memoria que nos va a permitir también construir un futuro.

7 de agosto de 2019

"H": Tres décadas y algo más.


Tenemos una historia que quiere dejarse en el pasado,
la nuestra, nunca tendrá un verano en pasado,
no, nosotros no queremos eso.
Gustamos de alimentarnos en base a las nostalgias, a las fotografías, las melodías que nos evocan, no pensamos en futuro, sin antes haber estado mucho rato ensoñando el pasado que nos dio sentido ¿verdad? Verdad.

Desde que me dijiste "que tu vida (la mía también) tras conocernos nunca más sería igual", los días, meses, años, décadas, fueron sucediéndose en aquella plenitud e intensidad, que da la certeza de haber construido una historia que ya cumple tres décadas y tanto.

Nuestra constancia la premiaron de eternidad,
mientras sigamos alimentando nostalgias,
llenándonos de ayeres....seremos eternos,
tu para siempre, sumado a mi jamás, 
haciéndonos un jamás para siempre.


 ¿Te imaginaste alguna vez que llegaríamos a sumar tres décadas y algo más? La verdad que yo no. Cuando recién mirábamos al mundo, con todo y su horizonte, pero sin imaginar tiempo, sin aprender a sumar tiempo en historia...

aquí estamos,
estás, estoy,
somos, estamos, estás, estoy.
Admirando, contemplando esta belleza de vivir,
existir en este tiempo de tantos años,
juntos, revueltos, unidos, ensoñados, soñadorxs.

Te quiero,
yo también a ti,
lo sé, yo también,
es que la madurez de los años han convertido nuestro amor, amistad, ensoñación, en algo tan poético....
somos absolutamente poéticos,
más cuando estamos una al lado del otro.



Pertenecemos a la misma nostalgia,
nos acurrucamos con los mismos recuerdos,
amamos las mismas añoranzas, espejismos y horizontes.
Hemos viajado de la mano,
dentro del baúl la una del otro y el otro en la maleta de la una,
nos hemos encontrado y vuelto a reencontrar...

He sentido últimamente que somos más bien 6 y 7, 
con seis y siete, comenzó esta sucesión de amores, sintonías, semenjanzas, latencias,
de nostalgias en común,
pasión por las mismas melodías.
Sé que sigues escuchando aquella tonada,
como yo continúo almacenando entre las melodías consentidas, únicas e irrepetibles, la que me regalaste, tarareaste y convertí en mis sonido consentido.

Sólo seamos seis y siete,
seis por el aniversario por conocernos,
siete cuando intuíamos que estaríamos unidos para siempre,
mañana seremos historia.... pero de esas que se quedan atrás, jamás olvidadas, siempre atesoradas, pero historia, la tuya con la mía, la mía impregnada con la tuya.

26 de julio de 2019

Seis años de la partida de mi madre.




Si habláramos de agonías podría decirles que la de mi madre, no fue larga pero tampoco corta y sí absolutamente gratuita, provocada por la negligencia de la clínica de la UC, quienes excusaron que los factores que llevaron a su muerte, fueron su edad y su mala condición de salud.

Esos días del año 2013 en que mi mamá cayó hospitalizada en ese lugar, se transformaron tanto para mis hermanas y qué decir para mi madre, en una eternidad. En lo personal puedo decir que perdí absolutamente la conciencia del tiempo calendario. Es por eso que en este sexto año de su partida, gratuita o casualmente de pronto descubro que ese trance debe haber iniciado un 15 o 16 del séptimo mes del año, para concluir con la "particular" muerte de mi madre, un jueves 26 de julio.

La agonía dolosa y molesta evidentemente la sufrió mi madre, mientras que sus tres hijas nos debatimos en la sensación, a medida que transcurrían los días, que aquel rechazo de mi madre por ir a la clínica tenía toda la razón y para colmo, sería la más cuerda de las cuatro la que tendría que pagarlo con la vida.

En ese lapsus de tiempo sin calendario, hablaré por mi hermana Manuela y por mí, constatamos paso a paso cómo esa mujer maravillosa, llena de vida, fuerte, aunque tuviera una salud de mierda producto de los más de 50 años fumando, que la dejaron con pulmones casi de adorno y pese a todo, seguía siendo la misma Blanquita encantadora, generosa, preocupada más por sus hijas, que por ella y su salud, sin cobrarnos jamás el hecho no menor, de no haberle hecho caso y no llevarla a ese sitio de matasanos ineptos. Todo en ella desde que nacimos y hasta su muerte, fue un largo camino de generosidad, de amor, de preocuparse por nosotras, que no estuviéramos sufriendo, no tuviéramos pena... mamita, mamita, jamás de los nunca seremos como tú. Aquella generosidad, bondad, no la heredamos ninguna de las tres.

Historia clínica.
Blanca María Olga Isabel Margarita Verónica del Perpetuo Socorro Sánchez Reyes, llegó a urgencias de la clínica UC, un 15 o 16 de julio a raíz de una erisipela en la pierna, que la verdad no tenía buena apariencia. 

Entonces, las necias de sus hijas entre preocupadas y voluntariosas, le doblamos la mano obligándola a que la revisara un matasano. Asunto es que a lo mejor todo habría sido distinto si no fuera porque un 15 o vísperas de 16 del 2013, Santiago gozaba de emergencia ambiental y por tal, los hospitales públicos y privados estaban en modo “colapso”. Y obviamente la clínica UC no era la excepción. Tiendo a pensar, que los médicos tomaron la decisión de hospitalizarla, sin pensar en las deficiencias que tenían en ese momento porque estarían vueltos locos, lástima que los desquiciados eran médicos y uno confiaba en ellos. Ocurrió entonces que más allá de la erisipela en su pierna derecha, los matasanos olvidaron observar y patentar que la paciente ingresó a urgencias y después a la clínica con su oxigeno portátil ¿qué significará eso? ¿será que la persona era oxigeno dependiente? Pero estos ineptos habían dejado de pensar y hasta insinuaron operarla, a lo que obviamente nos negamos. Y cuando nos despedimos de ella, dejándola en la habitación, nunca pensamos que a la mañana siguiente nos encontraríamos con la sorpresa que mamita había sido entubada porque estos imbéciles o le dieron mucho oxigeno o poco, entonces tuvo una crisis que casi la mata y para tapar el error decidieron sin consultar, entubarla. Fuimos cortas en no demandarlos y hacer que se pudrieran en la cárcel, pero nos preocupaba más la vida y salud de mamita.....

Así fueron sumándose los días hospitalizada no en pieza común, si no que en la UTI y despues en la UCI. Fueron días donde estuvo entubada e inconsciente, otros tantos entubada consciente, después vinieron los ejercicios para desentubarla y finalmente cuando le sacan los tubos respiratorios. Lo que no existe demasiada claridad es si estaba al 100% de consciente, aunque siempre nos reconoció, pero no volvió a ser la de antes. Porque cuando su habitación se llenaba de sobrinxs, amigos y amigas que iban a visitarle, ella no daba precisamente muestras de estar muy al corriente en las conversaciones. Blanquita hablando poco, Blanca sin preguntar por la salud, los hijos, los perros, los maridos.... raro, raro, raro. 

La segunda pista que dejamos pasar de largo, más por nuestro odio parido a ese lugar de mierda y seguramente sumado al desconocimiento, fue el hecho no menor en el que con gran eficiencia y rápidez, envían a mi madre al Hospital del Tórax, excusando que en la UC no pueden hacer más y que en uno público, con especialidad, como el Tórax, seguro que sí.

Lo bueno de lo malo, en materia de excusas para cobijarse, fue que el Hospital del Tórax no era desconocido para nosotras, no solo porque quedaba al lado de la casa, si no porque fue fundado por mi abuelo paterno y porque realmente siempre fue el hospital de mamita. Entonces por un instante pensamos que partir para allá, era como intentar volver las piezas a su lugar, a mi mamá al rumbo de la mejoría. Pero era hospital público más allá de todas las buenas intensiones, las mejores sin duda. Y más bien fue el lugar en el que fue enviada para tener una "muerte asistida", programada por el doctor a cargo de ella y que por suerte en ese tiempo, regía como Jefe de UCI.

Es en el hospital del tórax donde albergan a mi madre en la UCI, durante un día y medio, hasta que el jueves 26 de julio, el doctor nos confirma que lo mejor será desconectarla paulatinamente, hasta que el corazón y los pulmones dejen de funcionar.


La memoria.
¿Por qué recordar eso ahora? Es que nunca lo he olvidado, solo que durante esa extensión de tiempo, todos esos días visitándola en la UTI y UCI de la UC, el tiempo se transformó en una eternidad, que nos quitó la conciencia acerca del tiempo.
Y entonces pasó que el otro día, que se celebraba a la patrona Carmen, como diría mi padre a pito de pistolas, tuve la certeza que mamita me revoloteaba y que probablemente sería porque más allá de la certeza de acercarse al 26 de julio, estábamos transitando por esos días de larga agonía. En el que hasta un episodio de aurora boreal, contemplamos mi sisterna Manucita y yo.

Por alguna razón, la memoria se abrió al recuerdo nítido de ese tiempo. Porque desde hace seis años, todos los años, cuando llega julio la existencia se torna gris, hay años que está marengo y va tornándose a plomiza. En otros está soleada y más o menos alegre, entonces se vuelve gris. Pero este 2019 no sé por qué aunque sí que pronto lo descubriré, en la más procesión he ido sintiendo y reviviendo el paso de esos 11 días como si el tiempo no hubiera transcurrido, claro con la salvedad que ella no está más a mi lado.

La memoria es fundamental en mi familia, lo heredé de mi padre, junto a la nostalgia y la historia. Existo en la medida que permanezco anexada a los momentos que ya no son, pero que fueron cobijados en intensidad, para sacarlos cada que los necesite, cada que los extrañe o cuando en ocasiones, necesito hacerles la limpieza.

Todos los julios desde el 2013 tienen una sombra gris, que suele tornarse un poco más rojiza a partir de las 18 horas del día que mamita partió. Por suerte, por casualidad, a saber los por qué, el 26 de julio es un día inolvidable en mi familia, así nos lo dejó en claro mi padre y así lo hemos vivido. Para nosotras no deja de ser especial, particular, que mamita partiera el día de nuestra amada Cuba. No deja de ser particular, surrealista, el hecho de permanecer 18 horas junto a mi madre, en aquella habitación común de la UTI, acompañando su final. 

Aquel jueves 26 de julio del 2013, que llegó a su fin a las 18 horas en momentos que su corazón y pulmones decidieron detenerse.... fue el mismo instante en que la tenue luz del atardecer, se posó sobre las piernas de mi mamá a pesar de haber llovido a cantaros todo el día....No existió el último suspiro, sí en cambio y en versión modernidad, el pitido de las maquinas avisando que su función había cesado, ya que la persona a quien tenían conectada, había partido.


Cobijada en el hospital que fundara mi abuelo paterno, del que tantas veces hicimos uso por no decir que mi madre era paciente asidua, no puedo menos dejar para siempre, inmortalizada esa ventana que daba frente a su cama. La cama de la UTI que la cobijó durante un día y medio, desde donde entró ese surrealista y emotivo rayo de sol cuando el reloj marcó las 18:00 y aunque no seamos creyentes, en ese instante, no pudimos si no pensar que algo más allá de todos nosotros, venía por ella.

Desde ese día y para siempre, cada que pasamos por las calles Cano y Aponte con J. M. Infante podemos mirar hacia esa ventana, la cúpula de aquella capilla que hizo efecto faro y lupa para que la luz se posara a los pies de mi madre. Desde siempre y para siempre, continuamos paseando por ahí y cada que llegamos frente al Tórax, detenerse, nostalgiar la memoria, erizar la piel, mandar un beso a mamita y otro a mi amado abuelo Titin, quien desde el 2015 suma busto / placa recordatorio, por haber fundado el Hospital del Tórax.  

Y así entonces, muchas y diversas son las formas para recordar a mi madre, traerla una y mil veces hasta nosotras. Intentar conformar la tristeza de saber que no estará más, conjugar todos los quizás con los hubiéramos.... para finalizar constatando lo evidente, ella no está. Mi Blanquita, la más linda, la Blanca alegre, deseosa de vivir, energética, amada, con sus pulmones de adorno....

Te quiero mamita, agradezco este flechazo de memoria, tu sabes la importancia que tiene en los nosotros. Recordar nítida y tristemente cómo fueron esos once eternos días. Mamita, mamurra, ama, má, me haces falta todos los días, me vas hacer falta, toda la vida.....

Julio del 2019.


6 de julio de 2019

A un día, un mes y muchos años.


Mi querido Atila,
Imperdonable olvido,
el mío a por tu día,
aquel en el que dejaste de estar,
en el que te encontré pero ya no latía ni tu corazón, menos la corbatita blanca de tu pecho.

Olvido, olvido, involuntario, 
excusas, no, lo juro involuntario,
demasiadas muertes, muertos, personas queridas,
el invierno, la zozobra por los años que suman, nostalgia por los que ya no están, un tanto de tristeza a por la vida sin ellos, sin ti, a veces me siento sola.

Pero el siete de uno de los meses con "jota", está ahí latiendo,
ayer pensé que era mañana,
después miré y aclaré que fue en junio,
todavía no invierno,
hace muchos años ya,
una mañana que te encontré....
sin vida eso si.

Entonces hoy, un día, un mes de varios años después,
corrijo la desmemoria, aquella, la involuntaria o cargada de nostalgias,
porque en la memoria estás siempre,
gatito negro más lindo, con sus colmillos blancos, corbatita ídem, no he vuelto a ver,
serás siempre el más lindo,
eterno y lleno de juventud,
sin imágenes para mostrar y pese a ello, atesoradas en la memoria fotográfica, sonora, en la que te llevo hilvanado en mi corazón.

Como no existen fotos de ti, lo que nos une, será siempre la bugui.

Miauuuuuuuuuu te quiero miauuuuuuu

26 de mayo de 2019

La última de los Sánchez Reyes.


.... ¡¡¡ Me quedo con las tardes de música clásica en tu habitación, conversando de la familia, pasando revista a los ayeres, a las historias y sus tiempos congelados en fotos. 

Atesoro ya, en mis nostalgias, tu sencillez, generosidad infinita, calidez única. Gracias por abrirnos, abrirme, las puertas de tu casa/corazón. 

La vida, la tuya, la de una generación, continuará en los relatos, recuerdos, que nos dejaste, dejaron.


Y la primera escalofriante certeza a por el fin de los Sánchez Reyes, produce enorme vació y tristeza.....pero somos sus sobrevivientes, los encargados de mantenerlos presentes, queriéndolos, valorando sus características singulares, como las pisadas evidentes que marcaron en la tierra.

Te voy a querer y recordar siempre...... espero ya estés, junto a los otros tuyos ¡¡¡ ...

13 de abril de 2019

50 años y cinco días.


En trece, 50 años y cinco días, uniendo tu día y sus matices, a mi día y sus contrastes /  Tu mi siempre fiel, amigo imaginario, primo, confidente, compañero intenso como abril, cómplice como Aries / Tu mi yo siempre, yo mi tu siempre, en 8 o en 13, marcianos, intensos, únicos, irrepetibles e inigualables / Te llevo en mi corazón.

Las ideas, transformadas en imágenes y palabras, van amontonándose en mi cabeza. Remontándome por ratos a tiempos pasados, sitios imaginarios, personas, nombres, lugares.

En el primer día con 50 años, amanecí soñando con árboles. Hace mucho que no me ocurría, a pesar de mis caminatas observándolos y fotografiarlos. Según Jung, soñar con ellos, remite a sentirse acompañada, querida, contenida. Entre más de su especie estén al lado tuyo y recuerdes características como el color de sus hojas, su tallos sea sólido, posea un tronco similar, detalles en sus cortezas, frondosidad, altura, llevándolo al plano humano, la interpretación será de felicidad, salud, prosperidad y mucho, mucho, amor, amistad, afecto, cariño, calidez. Y comenzar así la nueva década, aquello de cambiar de folio, más aún que dicen que de las cinco décadas en adelante, uno será lo que forjó en los años previos. Produce cierto regocijo, una pizca de esperanza, en que quizás el ser humano no esté tan esquivo en el recorrido que comienza y tal vez hasta dejar en un verdadero olvido, aquellos tiempos de ausencias, silencios y falta de amor.


La esencia de este año: no esperar por nadie y sin embargo, esperar todo de la vida. Las ansias porque llegara el día ¡¡ por favor 8 de abril hazte presente ¡¡¡ Que el reloj marcara las cinco de la tarde, cumplir mis cinco décadas y de ahí en más, ojalá al fin cada uno de esos 18  mil y tantos días que suman 50 años, cubrieran mi cuerpo de sabiduría y advertencia a todxs: soy lo que veis, no hay devolución, cambio.  

En el juego de viajar pensando de atrás hacia delante, no he dejado de comparar mi edad alcanzada con la de mi padre, mi madre, mis abuelos paternos y mi hermano Antonio. Rebuscar calculadora en mano ¿dónde estaban para ese momento? ¿qué habrán sentido? Sumado al espacio, histórico temporal, que les habrá tocado vivir. A ellos, mis eternos referentes, mis orgullos, quienes día a día, continúan dejando su huella en mi ruta, aunque no estemos ni tan cerca, pero tampoco tan lejos.

Mis muertos y sus derroteros,
Mi vivo y el suyo,
Sus 50 años, su historia y sus vidas.

Los 50 años de mi papá.
Sabía desde el momento que se acercaban mis cincuenta años, que los de mi papá deben haber sido tremendos. Porque acabábamos de llegar, hacía un año a México, dejando atrás a Santiago de Chile, el país tumultuosamente doloso tras el golpe militar. Para el día exacto de su cumpleaños, 16 de febrero de 1976, el pobre ya estaría dando clases en la U. de Guadalajara. La universidad que se transformaría durante doce años, en su hogar, donde lo acogieron y pudo trasmitir conocimientos y calidad humana a varias generaciones de estudiantes, que hasta el día de hoy, lo recuerdan con cariño. 

Pero, era el primer año de su vida que pasaba cumpleaños lejos de su familia, de su madre, de mi abuelo. Estábamos en una situación complicada, viviendo solos en una ciudad desconocida, donde hablábamos el mismo idioma, pero no conocíamos a nadie y mi padre tenía sí o sí que respirar hondo y sacarnos adelante. 
Por suerte México y qué decir Guadalajara, son tierras habitadas por las personas más generosas y maravillosas del universo. Hubo quienes se aprovecharon de mi padre y lo explotaron, pero también hubo otros que lo ayudaron simplemente porque era exiliado, estaba con su familia solos en una ciudad que no conocían y le tendieron la mano, para ser su aval en el arriendo de casa, para comprar muebles. 
Mi hermana más chica, la Manuela, se acuerda o siente que lo hace de toda esta tensión que vivíamos. La verdad, yo  no me di cuenta nunca de nada. Lo que habla bien de mis padres, que procuraron no trasmitirnos el temor, la zozobra. 


Los de mi mamá.
A mi mamita Blanca, le tocó llegar a sus cinco décadas, cuando ya teníamos rato viviendo en Guadalajara, México. Y por lo tanto, mis padres más chilenos que sus tres hijas, educadas en otro país, latían y sufrían por lo que sucedía en Chile, que ese año de 1983 fue coronado como el año en que los chilenos salieron a las calles a protestar contra la dictadura, con más fuerza que de costumbre. 
Así que llegar a la mitad de la vida y ser espectadores de lo que sucedía en la patria, también debe haber sido fuerte, tumultuoso para mi mamá. Vivíamos hacía 8 años en Guadalajara, estábamos instalados, recientemente cambiados a la que sería nuestro hábitat hasta el último día. Una casa más acorde al salario de un profesor de universidad y una esposa que se ganaba la vida, inventando oficios. 
En lo personal estaba ingresando a todo pulmón en la adolescencia, tenía 14 años, estudiaba en la secundaria, viajaba sola en micro, tenía amigas todas igual de pernas que yo. Pienso en mi vida en ese año y tengo tanto para contar, busco en la memoria a mi madre en ese año y tengo tan poco más que aportar. 



Los de mi abuelos Titin y Marta, que  tenían la misma edad.
Mis abuelos Titin - Héctor y Marta, que son los padres de mi papá, nacieron dos años antes de finalizar el siglo XIX. Es decir, que para sus cinco décadas el calendario marcaba 1948. La segunda guerra mundial había concluido y por tal, los viajes por estudios de especialidad en bronco pulmonar, que mi abuelo hizo a Europa y llevó a su mujer, mi abuela y sus hijos, entre ellos, mi papá.

Para esos tiempos mis hermanas y yo, no existíamos ni de asomo. De hecho, mi padre que contaba con 22 años, debe haber estado casado con su primera mujer y mi hermano mayor, debe haber estado por nacer. Si pienso en mis abuelos, pensando y mirando las fotos que de ellos tenemos, la imaginación comienza a trasladarme a tiempos de fotos en blanco y negro, donde mi abuela Marta usaba abrigos hechos con piel de animales, sombreros estilosos, toda su vestimenta lo era en realidad y qué decir mi abuelo, con su porte. Exagerando y olvidando los hechos históricos, es como si al pensar en la vida de mis abuelos, todo remontase a los días de "Lo que el viento se llevó". Días de viajes, bailes, donde la preocupación era cómo encajar dos fiestas en el mismo día, con qué chico bailar, con cuál casarse.

Mis abuelos eran más profundos en sus problemáticas existenciales que eso, y de todas formas, mi papá contaba y los abuelos también, que su vida fue realmente entretenida. Viajaron a Europa con y sin guerra. Conocieron a personajes notables de la literatura, pintura, medicina. Alojaron a Siquieros en la casa de Santiago, que el pinto aprovechó para dejar de recuerdo un cuadro donde la modelo fue mi tía Martita, hermana pequeña de mi padre. También estando en Europa, protegieron y escondieron en el auto, a una judía que huía del nazismo, ayudándola a escapar de Alemania y terminar en este país de oportunidades.

Soy una ignorante confesa, porque a primera pasada de historia, descanso en la idea que mis abuelos eran Clark Gable y Vivian Leigh y por supuesto que nada que ver. Para 1948 mi abuelo ya era un doctor especialista en bronco pulmonar, con consulta popular y visitas domiciliarias para la gente rica. Tenía nombre y prestigio. Sus hijos eran adultos, los dos mayores ya eligiendo la carrera que les daría profesión y la más chica, casada con su primer marido, pero porque ella era un poco acelerada.

Pensar que mi papá tenía 22 años, que ya era un hombre casado o quizás ya separado, porque a pesar de los dos hermanos que sumó a la familia, esa unión duro como tal tan poco y  para la vida, toda la vida.


Mi hermano Antonio.
Que impresionante, el año que mi hermanito Antonio cumplió sus cinco décadas, murió mi papá. Que no es el biológico, pero en cambio, es quien más le ayudó a ordenar su vida, hablándole con verdad, en tonos serios y también irónicos. El vinculo de ellos fue paternal, amistoso e intelectual. Antonio fue estudiante de la primera generación a la que mi papá dio clases. De ahí el lazo, que trascendió hasta la casa, donde lo conocimos la Manuela, mi hermana y yo. Antonio siempre dice que él no sintió a mi papá como el suyo y sin embargo, los recuerdos que tengo de esos años, hablan de un vínculo, una confianza, una admiración, idéntica a la que yo siento tuve con mi papá. 
Pero cada quien con sus impresiones. Y la vida con su sabiduría hizo que para el día que mi padre murió, Antonio y yo estuviéramos juntos. Estábamos en Ciudad de México, veníamos conversando de él desde la noche anterior, nostalgiando, rememorando nuestros años felices. Meto mi cuchara y pienso en lo especial y triste de esa noche. Siempre he sentido vació en esos momentos cuando mueren tus seres queridos y esta fue la primera vez en mi vida, que tenía a mi lado todo el amor y la contención del mundo.... estaba con mi hermano Antonio, el que lloraba y se desmoronaba, para ser cobijado por mi. Realmente un año tumultuoso y tan poco que he hablado con él acerca de lo que debe haber sentido.

En fin, es difícil pensar a otros, contar sobre sus vidas, cuando al parecer he vivido la existencia o harta cantidad de estos 18.250 días, entre mirando la TV, pensando en mi ombligo y sufrimientos adheridos. Y sin embargo, aquí estoy intentando hacer un ejercicio de comparar sus vidas con la mía.



Mis 50 años y su historia.
Tengo la sospecha – y no importa-, que a diferencia de mis papás, hermano y abuelos, nadie pensará lo que yo, nadie dirá “ahora que cumplo 50 años cómo lo habrá hecho Colomba". No importa, ya no hay pena, menos sentir lástima por lo que no fue, la vida que no tuve y en ella los hijos que no llegaron. Tampoco por el ego aquel que piensa en la huella que no dejaré. 
Estoy tranquila, aquellos demonios de lo que no pasó quedaron enterrados. Ahora solo tengo la certeza que al llegar mi momento, agarraré la maleta de mi historia, hilvanada con la de mis abuelos, mi mamá, mi paire y Antonio y nos marcharemos juntos. Y sé que será en ese momento, que mis huellas se mezclaran con el viento de las hojas al bailar y volaré con ellas, volaremos con ellas, hasta finalmente desaparecer. 
Y la verdad, me seduce esa tentativa de muerte.

Atracción, por haber sido vida,
seducción, por ya no existir ni como recuerdo.



La muerte es una constante en mi vida. Apareció de sorpresa en mi infancia, señalando la sensación de quedarme sin mis padres. Le rogué nunca hiciera tal, me llevara a mi primero. Entonces aprendí sin saberlo, de la esencia del vacío, de no ser, ni estar. Del cuerpo y piel fría, del rigor mortis. 

La muerte alimenta mis nostalgias, no temo a su presencia, aprendí a mirarla, convivirla, saborear su vació, pensarla y palpar aquel frío que envuelve cálido. 

Pienso en la muerte más de lo que imaginaba, quedé tentada, la llamo, sugiero venga a buscarme, planeo ese momento. Me excito recreando la situación.... romanticamente sobre una cama, rodeada de flores cual Ofelia, el aroma de éstas, el sonido que hacen las lágrimas al caer. Pero en esa imagen, no siento el dolor de los otros por mi ausencia. No hay otros. Entonces ella me reprime, por hablar y llamarla descaradamente:
La muerte: No debes invocar o habrá consecuencias.
Yo: ¿Por qué denostas mi suplicante llamado?
La muerte: El día que no veas un mañana de árboles, caminar rodeada de ellos, sentir felicidad por el bailar de sus hojas, vendré a buscarte. 



De presencias.
Mi yo varón, su yo Colomba, él Ricardo, su mitad, la mía en él / Persiste y existe a mi lado, siempre / Los dos de abril,  él del 13, yo del 8, los dos Aries, símil personalidades / Yo su alter ego, él el mío / Mi diario de vida, destinatario de cartas, receptor cálido de lagrimas, tristezas, dramas infante / adolescente / juventud / adultez / vejez / muerte / Mi amigo invisible, la Manu sabe de su existencia / Mi yo, su mí, él, ella, yo tu, mi tu / La mitad masculina que aloja en mi soy, el hombre que quise ser, que soy, que no deja aflorar el femenino absoluto de Colomba, él que al paso de tiempo compartió su lugar con H, RJ, AyR / La CA por siempre jamás.


8 de abril.
Este 8 de abril, fue un día luminoso, caluroso, soleado. Y sin embargo, me gusta el frío, el otoño, las hojas cayendo de los árboles. Pero extraño mis días de abriles primaverales del ayer. Por eso agradezco el soleado, alegre, colorido día en que cumplí 50 años, dejándome viajar hasta los días cálidos de infancia en México, días de vida maravillosa, junto a mis padres, visitas de los abuelos y la presencia de Antonio. 
Y mientras el calor llenaba el aire que después entraba por mis narices a cobijarme, pensé y sentí nuevamente deseos de volver a México. Esa sensación encerrada en un baúl, después de la muerte de mi madre. Intenté morirme allá, sin éxito y volví desesperanzada.


Y la vida se transformó en días de encerrar a México con candado, elevé el puente, cerré compuertas, giré el sentido del timón, alejándome de lo que producía tristeza.  
Volví a mi burbuja de cristal. Cinco años de luto por ese amor clausurado. Donde las palabras de mi hermano Antonio, repiqueteaban otra vez, odiando su eco: "México, después que se fueron siguió su curso, cambió. Ese país que atesoras como hueso santo, que cubres de nostalgias, de añoranzas, existe solo dentro de tu burbuja de cristal". 
Desde hace un tiempo, compruebo que el verdadero amor puede derribar el dolor más profundo, aquel que ruega a la muerte llevarte. Es ese amor verdadero, que no se olvida por mas lágrimas que nublen tu vista, sigue latiendo bajo los candados, estallando en deseos de volver a pisar mi suelo mexicano. Sin esperar nada de nadie y todo de México, para escribir historias con raíces viejas, de este amor que trasciende a lo malo que los humanos son capaces de producir. Volveremos a encontrarnos.

Este 2019 comenzó tumultuoso y vuelvo a verlo recién comenzando, todavía quedan ocho meses por venir, crecer, para pasear con árboles y en ese vendaval de vida, la mía con la muerte también. Queda tiempo para vivir y tentar a la muerte, volver a soñar. 

Entonces pienso nuevamente en los árboles de mi sueño, en este 2019, la esencia de "no espero nada de nadie" y sin embargo espero todo de los árboles, sus verdores y sequedades. Sí espero contemplar sus ramas, follaje, admirar sus hojas, tronco, cortezas, tocarlas.   

Lanzo chorros de emoción hacia los árboles, amor a su belleza, enamoramiento a por sus hojas, deseo a sus copas, pasión y sexo a vivir, y a la pulsación por morir. 

Una marciana como yo, no vive para esperar ser mirada, mira y quizás hasta saca la lengua. Ya no me quedo esperando ser observada, vista, encontrada, hallada, contenida, querida, recordada. Ahora las interrogantes duran segundos, las penas se evaporan en minutos. La eternidad solo existe para las nostalgias por los árboles, los tiempos pasados, mis seres imaginarios, mis padres, abuelos, Antonio, Manu. Para mis amigos que cuento con una sola mano para ¿qué mas?

Con esta vida me quedo, para continuar construyéndola,
no espero  a nadie, solo a la muerte, sí a la vida.
Espero a la muerte para que un día me lleve, con mis maletas llenas de pasado, de esencia y nostalgias. Mientras, seguiré caminando. No espero nada, no espero a nadie tampoco, sí espero de la vida y la muerte, todo lo que tengan para darme y llevarme. 

Abril 2019 / Colomba r.a.

9 de abril de 2019

11 años.


Pasaron y pasaron los días sin poder escribir por tus once años lejos de casa. Espero sepas que a pesar de todos los pesares, la memoria sigue vigente, como el miércoles 3 de abril del 2019, que con Manu fuimos a verte, verlos, verles, al cementerio. Pasar unas horas a su lado, rememorando, arreglando la lápida para después, bajo la sombra de los árboles continuar acompañándolos.

Te quiero papito, siempre me harás falta, extrañaré no tenerte ahora que soy menos infantil, que las emociones las manejo mejor, que las ilusiones continúan creciendo, estallando para después desaparecer y sin embargo, soy y estoy más adulta y tengo tantas palabras que quisiera compartir contigo, intercambiar gustos, ideas, pensamientos. Ojalá sea cierto que desde algún lugar del universo, están, estás, mirándonos. Ojalá sea cierto que pueden atravesar los sueños, intervenirlos y quizás contestarme alguna de las mil interrogantes.