4 de abril de 2022

14 años!!!

Querido Papito,

Ayer tuve tu recuerdo presente todo el día. Desde temprano en la mañana cuando tomé conciencia de la fecha y pensé en ti, en ese día que cayó jueves, que no estaba en Chile y mi mamá me llamó por teléfono a Ciudad de México....

¿Por qué tenemos existencias tan sufridas? Pienso en la injusticia que fue tu muerte y yo lejos de casa y que al volver, quedará casi nada de tu presencia física. Rememoré el día que partí a México, estaba esperando el radio taxi y tu sentado en el equipal al fondo del pasillo, cuando me fui a despedir, no me creíste, pensabas que estaba bromeando, tuvimos un diálogo breve, te mostré la maleta y recién ahí caíste en cuentas. Después pasarían muchas, muchas horas, esperando un vuelo que se atrasó, en las que lamenté no haberlas pasado a tu lado, conversando o al menos abrazándote, aprovechando tu estado más bien depresivo.

Ay papá, no estoy en los días mas optimistas de mi vida, hay tanto a mi alrededor que se cae, derrumba y ya  no tengo fuerzas, ni ganas de ayudar a levantarlo, no tengo ganas, ni fuerzas de casi nada, estoy aburrida que siempre todo tenga que ser tan difícil, que lograr algo signifique más migajas que otra cosa. Y por eso siempre pienso en ti y en mi, en nuestra relación padre e hija, en ese vínculo que me hubiera gustado tanto tener contigo, uno mucho  más estrecho, más cálido, lamento no haberte abrazado tantas veces, te tenía susto, no sabía cuál podría ser tu reacción. A mi hoy, tampoco me gusta que me anden abrazando, me cuesta tener acciones físicas cariñosas, me siento como un robot que levanta los brazos mecánicamente y sin embargo, hay tanta, tantas personas a las que quiero tanto y que me gustaría ser más expresiva.

Siento un pesar que pesa en mi cabeza, intento olvidarla, no tomarla en cuenta, pero siempre vuelve, siempre aparece, siempre está ahí pesando. Y en el peso que cargo está el vínculo que no tuvimos, a pesar de amarte tanto, a pesar de admirarte tanto.


Y ayer que cumpliste 14 años. 14 años, XIV, una década y cuatro años. No lo puedo creer, suena a una eternidad y se siente como tal, de hecho aunque es lo que es, ayer cuando te pensamos con la Manu, me dije "es mucho, pero parece que fue hace mucho, mucho más tiempo". Catorce años. Y lo otro que pesa tan hondo, es pensar que una ya tiene una vida recorrida, en la que lleva viviendo en este país 30 y tantos años, que tiene a sus abuelos ausentes hace la misma cantidad de décadas, que no te tenemos a ti hace 14 años, a mi mamá hace 9 años. Es tanto tiempo, tanto tiempo vivido, transitado, que la suma me cansa y siento que quizás está llegando el tiempo, el momento, en que tome mis maletas y me mande cambiar lejos, lejos muy lejos de casa.



Estoy desanimada, triste, siento que todo me sale mal, que la suerte no solo no está tan de mi lado, sino que más bien me está abandonando, que la rebeldía me cobrará pasaje y lo asumo y no haré nada que esté en contra de mis principios, pero eso no quita el cansancio y el hastió de vivir en un país tan corrupto, dominado por las injusticias, estoy harta, harta de todo, de todes, de mi, de lo que no soy, de lo que ya no seré, de las luchas que me piden que siga haciendo y que no quiero dar. Solo quiero viajar, escapar, irme, desaparecer, olvidar todo lo que no tengo, simplemente viajar, conocer y volver a pasar por lugares hermosos, verdores, bosques, mirar personas pero no interactuar con elles.




Hoy puedo decir que sé lo que es estar sola, de haber sido parte de mi familia de abuelos, de mis padres, de la familia de cinco que teníamos, hoy soy solita en el mundo, aunque tenga una hermana con la que viva, pero tu puedes vivir con alguien y no conocerlo jamás y puedes vivir con alguien y no ser feliz. Yo quiero ser feliz, quiero ser feliz y siento que esa felicidad solo la lograré yéndome, viajando para después partir para un viaje de nunca jamás.

Las fichas están echadas, creo que el proyecto que ustedes tenían, tu y mi mamá, en el que yo estuviera siempre a su lado, tiene que continuar!!

28 de febrero de 2022

A Fridita!!!


En este día último de febrero, decido recordar a mi querida Frida, que el 29 de enero del 2022, partió. Porque con todo lo especial que era ella, sucede que en este año que no es bisiesto, no podré decir "mañana 29/02, a un mes de tu partida, te recuerdo". Entonces decido hacerlo en la antesala de una fecha que no existe y sin embargo quedará tan llena de memoria. 

Anoche pensaba ¿por qué he retrasado tanto este escrito? Solo podría excusarme la pena, tristeza enorme, al enterarnos de tu muerte, lo que me dejo congelada, impedida de hacer nada. Y es que hasta ¿cuándo seguiremos perdiendo tanta gente querida? Ya que han sido duros estos últimos años, entre la pandemia y estos ciclos existenciales, que van cerrándose y nos dejan, a nosotres espectadores de esas ausencias, un tanto más que vacíos. 

(Fridita en casa de mi prima Claudia)

Pienso que si existió alguien agradecida y feliz de la vida, fue Frida. Desde que  nos reencontramos en 1987, cuando con mis padres volvimos a Chile (del exilio en México), encontré una mujer interesante, misteriosa, de aquellas que quisieras, al menos a mi  me pasaba, atiborrarla de preguntas acerca de su vida personal, intima, familiar. Porque la rodeaba un aura muy particular, ya que a pesar de su apariencia frágil, delgada, con su rostro risueño, apacible, cálido, cariñoso, era realmente una persona atenta, cálida, cariñosa y a la vez, si se requería, firme, pero nunca dura, ni mala, menos egoísta. En ella sí que funcionaba aquello que cuentan de las madres que se "quitan el bocado de la boca para entregarlo a sus hijos", solo que al parecer, Frida había sido nombrada madre universal, porque ese mismo gesto lo repitió tantas veces con amigxs, familiares.

La imagen que tengo grabada en la memoria es de esta mujer, de modos suaves, movimientos delicados, tal cual como la bailarina que siempre fue, no solo porque danzaba al bailar o en sus clases o haciendo yoga, sino que volaba/danzaba/bailaba, al caminar, al alargar los brazos, al mover las manos. Tenía un aire como si al nacer "algo", le hubiera susurrado al oído: "serás una misionera/servidora de tus semejantes". Porque siempre ocupó un lugar atrás de todxs, con sus pasos casi descalzados que no hacen ruido y que marcan huella en el aire. Frida la que jamás compitió, menos se adelantó a otrxs para quitarles la palabra, menos hacer discursos ante un publico numeroso. Tengo la impresión que intentaba pasar inadvertida, a diferencias de quienes gritan en vez de hablar y poseen alma de florero y solo logran cautivar atención un instante, ya que no poseen, no sé si llamarlo ángel, alma, generosidad, capacidad de escucha, profundo espíritu de ponerse en el lugar de otros. En vidas pasadas debió ser una princesa oriental, seguro que monjes o sacerdotisas, habrían querido no ser tan religiosos y puros, cometer actos egoístas y robársela.

Frida con su mirada perdida en un horizonte ubicado quién sabe donde, como la que tienen las mujeres románticas, soñadoras, voladas, distraídas, de las que no encuentran nada aunque este frente a sus ojos. Imagino que vive en El Cairo, Egipto, tierra natal de su madre y donde seguramente, habitarían un castillo fortaleza, con jardines colgantes, mucho verde en medio del desierto, donde las horas las pasaría leyendo, bordando, escuchando músicas clásicas, capaz que hasta un dúo tocaría para ella sus melodías preferidas.  

(Fridita con su hija Karina).

No exagero si digo que siempre la consideré, lástima que nunca se lo dije, una verdadera feminista. Si por feminismo entendemos una mujer que vivió en el siglo XX y parte del XXI, con los prejuicios, moral y costumbres chilenas y aunque no tuviera una pareja estable, no fue impedimento para ser madre. Ella quería tener un hijo y nació Karina. Porque pocas veces he sido espectadora de un amor/devoción, tan grande y sincero como el que sintió por su hija. Todo lo bueno y grande que ha sembrado su hija Karina, se lo debe a nuestra Fridita, Freda, Frida y creo que 
me quedo corta. 

(Mi tía Marta y la Fridita años 70).

La Frida, fue una gran mujer, querida por todxs lxs que tuvimos la suerte de conocerla y convivir con ella. Contagiarnos con su risa, su mirada romántica, su rostro singular -para mi gusto-, el rostro de una mujer atractiva, interesante y sin embargo, me atrevería a decir que no apetecía causar ninguna impresión, ni enamorar a nadie. Desde que la recuerdo y eso comenzó a pasar en 1987, nunca le conocí un enamorado. Durante un tiempo pensé que algo podría haber entre ella y su gran, gran amigo, Claudio Badal, pero mi mamá me explico que eso era técnicamente imposible ya que él, era gay. Y que esa sincronía, intimidad entre los dos que fulguraba como un amor sincero y verdadero, llevaba por nombre "profunda amistad". Un amor amistoso duradero y hermoso, producto obviamente de la inconmensurable generosidad/amorosidad de ella para con su Badal. Como cuando las cosas económicas no le fueron nunca más bien a él, las puertas que nunca cerraron y donde le esperaba un abrazo, una palabra cariñosa, risas, rica comida y quizás hasta algún dinerillo, era el que Fridita le daba. 

Mujer encantadora como gitana, como maga, que te mira a los ojos y sabes que está ahí, acompañándote con su calidez/cariño. Y si necesitas oreja y hombro los tendrás. Si buscabas conversar, Frida, sabía de historia, literatura, de chismes, de la TV, de las noticias del diario, la radio, tenía conversación para todas las edades. Porque sabía escuchar, guardar el secreto y dar consejos, aderezados con su recordada muletilla: "see, see, see, claro". 


En lo personal, puedo decir que me tocó profundizarla en varios momentos de la vida. La primera fue a través de la familia, ya que la Frida formaba parte de nosotrxs desde que mi tía Marta y ella se conocieron, jóvenes y hermosas, en clases de danza. Ninguna logró destacar en esas artes pero qué tal en la de ser las más amigas de la vida. 

Con la segunda ocasión puedo decir que fue el tiempo en el que la conocí más, ya que compartimos muchas tardes, días y noches juntas, cuando formamos parte de la filmación de "Moizefala la desdichada", de Germán Bobe, esto en algún momento de la década de los 90, del siglo XX.  Esa otra característica que la hacía única e irrepetible, porque si bien debe haber tenido 60 años o algo así, era realmente una mujer de amplio criterio y mirada, porque si bien ella era más joven que la mamá del director, que prestaba la casa para la filmación, del elenco y técnicos, ella era la persona grande y daba lo mismo. Y en esas mañanas cuando nos despertábamos y casi todo el elenco de técnicos y actores, dormían la fiesta de la noche anterior, nosotras desayunábamos con los papás del Bobe, después podíamos bañarnos en la piscina, pasear por el terreno que rodeaba la casa o sentarnos bajo los parrones a leer y/o conversar/conocernos/aprendernos/reírnos.

La tercera ocasión, ocurrió mucho tiempo después de la filmación, ya éramos mucho más cercanas y como ella siempre estaba a la vanguardia, modesta, pero adelantada, antes que fuera moda Frida practicaba yoga. Creo que para ella era como una extensión de sus añoradas clases de danza clásica de la infancia, que después siguió practicando más de adulta, pero con la yoga sumó a la meditación, concentración, quedarse en silencio, un arte que no todos podemos tener y ella era realmente seca, concentrada, estricta. De hecho, muchas veces pensé que esa tranquilidad confortable que la envolvía, se debía a su origen asiático (El Cairo, Egypto), el que conjugaba perfecto con La India y el yoga. Porque así como siento un repeluz por Estados Unidos, admiración y reverencias, me producen esos países milenarios, que entre sus peros poseen pros como la capacidad de mirar, admirar, la belleza pequeña de las cosas, la naturaleza, adorar a los animales.  Y si a esa concepción, creencia, pensar sobre Asia, le sumamos la personalidad de Frida, con su fuerza/fortaleza, rigurosidad, calma, relajo, cuidado del alma y cuerpo. Entonces la yoga, meditación, danza, baile, han sido absolutamente parte vital de su existencia.  


Así fue como en algún momento de la década de los 90, alcancé la oportunidad enorme de tomar clases de yoga con ella, a petición de un grupo de sus amigas todas ellas en trabajos muy sedentarios y hacía rato venían insistiendo/pidiendo, hiciera clases, porque sentían tener músculos, culo, nalgas, poto, trasero, en los tobillos. Confieso que las primeras clases fueron un soberano martirio, primero porque las clases eran a las 9 am y flojear en tiempos de juventud, a veces es un arte para ser practicada. Por suerte vivía a seis cuadras de su casa, porque la puntualidad es mi tercer apellido. Como decía las primeras clases fueron un martirio, a causa de mi estado físico o digamos las cosas por su nombre "estaba gorda". Entonces las posturas con abdominales me costaban, qué decir las intensiones de la profe, por pararme de cabeza. En esos momentos dejaba de ser la dulce Frida, para transformarse en la más rigurosa y exigente instructora, que para mi colmo intentó "hacer su mejor trabajo conmigo" jajaja espero no haberla decepcionado, porque nunca logré pararme de cabeza, menos llegar a su nivel de exigencia, intentaba hacerlo lo mejor posible pero.... Sin embargo era la reina de las posturas de apertura de cadera y espalda. 


Gracias a ella es que conocí y amé el yoga, sus beneficios, maravillas que trae al cuerpo, mente y cómo nos energiza para sobrevivir en este mundo. Fueron tiempos maravillosos sumado a que después de clases, la profe generosa como nadie, nos invitaba a tomar un delicioso café árabe, preparado por ella misma, donde le ponía el correcto toque de dulzor para continuar la jornada, además de servir de oreja, hombro, aconsejar, reírse. Mañanas poéticas e inolvidables. 

Esta es mi historia sobre la querida e inolvidable Fridita, que a pesar tristemente pesar, que ya no la tenemos, ni sumaremos más momentos, sí podemos traerla, abrazando su recuerdo, nostalgia, memoria, hermosa, cálida, cariñosa, como ella misma!!!

18 de febrero de 2022

Mis amados acuarianos.


Me gusta tanto esta foto tuya padre mío. Me gustabas aunque tengo pocos recuerdos tuyos con barba, dicen que cuando te la cortaste me puse a llorar, no sé si de pena, pero si porque el señor que llegó a la casa no lo conocí y del susto largue a llorar. Te sentaba más que bien el modo Linconl, dejando al resto de tus rasgos faciales al aire ¿por qué será que no volviste a dejarla crecer? La nostalgia a por esos tiempos ¿dolería mucho? Esta foto en particular, agrandé tu cara de la  imagen misma, porque es en la que estás con mi mamá en Isla Negra, como haciendo volar un volantín, me pregunto quién la habrá sacado y como ya no tengo a quién recurrir, hago memoria y destaco a mis tíos Patricio y Titin chico, como los fotógrafos de esa época. Porque mi  mamá también lo hacía pero en esos tiempos, no podías posar y hacer clic.


De ti  mi querido amoro, volumen de mi corazón, te preguntarás con ¿qué te relaciono? Te parece poco Guadalajara, invierno, un cine de barrio, Avenida La Paz. Has quedado inmortal tanto como mi amada ciudad, atesorados/detenidos los dos, en aquellos viejos tiempos de juventud. Tu, mi primer amor, mejor amigo, mi devoción, diría Larregui y me cuelgo de su letra/canción, porque calza tan, pero tan bien con nuestra historia. Y que justamente hoy estás de cumpleaños, amore mío 58 años. Cada que transcurre la línea temporal va desapareciendo la brecha y nos acercamos más y más ¿qué son 5 años? Distinto era añales atrás cuando nos conocimos, porque la edad parecía multiplicarse por seis, no porque fueras más viejo, ni yo más joven, sino por mi profunda infantilización. Y ya vez, nada pudo contra nosotros. Seguimos, continuaremos juntos por siempre jamás.

Feliz cumpleaños para mis amados acuarios del 16 y 18 /02, uno con 96 y el otro con 58!!!

24 de enero de 2022

35 años!!


Un día como hoy pero hace 35 años, volvíamos a Chile mis padres, mi hermana chica y yo, junto a nuestra perrita Quetzi. El día exacto creo que era viernes y la fecha ha permanecido imborrable durante todos estos años, más como un pesar que como otra cosa. Estaba por cumplir 18 años cuando regresé sin que nadie me haya preguntado si así lo quería, tampoco se estilaba esa pregunta porque tampoco existía respuesta a los cómo quedarse sola en México. Asunto es que un manto nostálgico, triste, envuelve este día, haciéndolo inolvidable y más ahora, en esta actualidad del siglo XXI, en que ninguno de los motivos que pujaron por volver están presentes: ni mis padres, ni mis abuelos. Por eso es más de una vez, he sopesado el sinsentido de continuar, permanecer.


Contar una historia que comenzó hace 35 años, inevitablemente te convierte en una persona grande, o al menos así me mira el mundo, aunque de muchas maneras sigo siendo la Colomba r.a., ingenua que volvió al país que decían era suyo aunque me sintiera tan mexicana. Pero no, no es verdad que soy la misma, porque en este tiempo transcurrido, mucho de mi encanto, belleza, alegría, ganas de vivir, de salir adelante, ha ido apagándose. Ya no soy bonita, sigo más bien redondita, tampoco alegre, tampoco feliz, tampoco tengo muchas ganas de vivir porque lo único que conozco es sobrevivir. Más de una vez al mes pienso si no sería  más fácil tirarse por el metro, o simplemente desaparecer de la faz de los conocidos. Irse, desaparecer, no estar, vivir o no vida, en otro lugar, lejos muy lejos de todo y todos. Es la idea placebo que utilizo cuando el ánimo anda escurridizo. Porque actualmente soy más bien huraña, pienso mal y acierto y no me quedan amigos ya que cada vez estoy más cierta que nunca los tuve, no aquellos de amistad saludable y alegre, los para siempre, los de verdad.


Este día no me produce precisamente energía, motor, para vivir y salir adelante. Me lleno de memoria, de nostalgias, vuelvo a pensar en todos los que ya no están, mis abuelos, mis padres, mi primo Andrés, la distancia con los amigos de México, la ausencia de la buena y sana amistad. A veces pienso que no es bueno decir, menos pensar, qué decir escribir, que uno no es feliz, no vaya  a ser cosa que se haga extrema realidad, después sentada en esa certeza, pienso que quizás de hacerlo, exista la posibilidad que el efecto se invierta. 



Es que mi vida ha sido tan distinta a la de los demás y en el diferente me excluyeron porque no pololie, ni tuve novio, menos me casé, no tuve hijos, sí gatos y perros, no encontré el amor, me enamoré muchas veces pero todo quedó en nada, no es menor pero solo me quedó el respiro de mi primer amor, tan lejano como México está de mi. Nunca me fui de la casa de mis padres, con todo lo bueno y malo que eso tuvo, sobre todo los malos días, semanas, meses, de mi padre. 



No así cuando me quedé sola con mi mamá, que si bien me controlaba cuando salía jajaja éramos felices juntas, al menos así lo supe cuando me quedé sin ella y repasé la vida buena que gozamos durante cinco años, de complicidad, galletas, series, películas, acompañarnos para el terremoto 2010, entre otros. Si la vida me hubiera contado en sueños que esto pasaría, habría retomado el plan de infancia, aquel que aseguraba que la primera en partir sería yo, no ellos y asunto arreglado el tema y significado de la muerte, vacío, negro, no más MaPadres cerca mío. Vida, vida,  vida, no reniego todo lo que he existido, pero susurrando la palabra felicidad para que no se escabulla, no encuentro justo fuera lo único que tenías preparado para mi. Hay veces que dejo pasar la fecha, que la anoto en mi agenda, que marco el 24/01, pero no digo nada, porque puede pasar como hoy, que me suelte, deje correr los sentimientos verdaderos, los que ya no se callan porque no hay a quién gritárselos y entonces, agolpados voy acomodándolos y duelen tanto al salir, como al leerlos.


Espero que el desánimo pase con la pandemia y  ni bien logre sacar los dos pies fuera de casa, del país y atraviese la cordillera en rumbo de los sitios que quiero volver a recorrer, mi percepción de la vida, vida, vida y de este día, quizás, quizás, quizás, puedan mejorar, cambiar, no lo sé.

7 de enero de 2022

A tía Delia.


Querida tía Delia,

Disculpara usted que la tíe, pero desde que la conocí a través de las historias que contaba su sobrino Rolando, solía mencionarla bajo el pronombre personal "Tía Delia" y así la he recordado siempre, como si el parentesco formara parte de su nombre.

Delia Báez Cruz, nacida un 28 de diciembre y murió dos días después, tras muchas, muchas, muchas décadas de vida. Su muerte me toca no solamente por el hecho egocéntrico de haberla conocido, sino también porque su mera existencia y personalidad me marcaron. Recuerdo aquella tarde que Rolando me invitó almorzar y al fin conocerla. Guardo en mi memoria todos los instantes de ese primer encuentro, desde que usted abrió la puerta, con aquel pegatin hindú en la frente y tras las presentaciones, saludos correspondientes, pasamos al comedor donde sonaba la radio, la que cambio por música india y comenzó a danzar moviendo entre sus manos un tul. La encontré tan encantadora, particular, divertida, alocada, mientras Rolando, avergonzado, aunque también se reía la invitaba a que dejara de hacer el ridículo. Será porque las excentricidades no me son ajenas y por eso no encontré ridícula su recibimiento y por eso también no lo olvidé más. 


Aquel departamento ubicado en Agustinas con San Martín, a un par de cuadras de cercanía del de Rolando, con esa plazoleta en la entrada, con un verdor tan verde tan ajeno a esas calles más de asfalto y cemento, sumado a esa grata sombra que conjugan árboles y plantas y que nosotros los humanos disfrutamos. Y la entrada al edificio que si bien no era bonito, tenía esa forma de media luna, que lo hacía destacar del resto, que en las restantes tres esquinas lo rodeaban. 

Pienso en usted Tía Delia, en su rostro de ojos grandes, de voz suave, pero que sacaba intensidad cuando era necesario. Su porte menudo, pequeño. También vuelven a mi memoria aquellas dos ocasiones, en que amable y cariñosamente fui invitada por ustedes, al cumpleaños de Rolando y en donde la primera vez, comimos pasta y en la segunda unas deliciosas carnes. Y de vuelta, caminando por el barrio de ustedes, que entre sus particularidades está el poseer veredas más angostas imposibles, donde con dificultad entran dos personas, tres ni soñando. Entonces, Rolando, la llevaba del brazo y yo detrás, observándolos y escuchando lo que hablaban.

Y pienso en esa Tía Delia llena de vida, que bailaba danzas hindú, que caminaba del brazo de su sobrino, que conversaba conmigo sobre sus viajes cuando era más joven, coincidiendo en nuestro amor por los gatos, preguntándome sobre mi vida. Usted tan viva, receptiva, cariñosa, cálida. Y cuando Rolando me contó que comenzaba a borrársele la memoria y que tendría que trasladarla a un lugar, donde la cuidaran todo el día, me dio tantísima pena sincera, honda, profunda. De alguna manera aunque nos vimos esas pocas veces, le cogí cariño.... supongo que será la falta de abuelos, de tíos cercanos como usted con su sobrino, de esos cariños que le otorgaba como invitarlo a comer para sus cumpleaños, regalarle lo que él quisiera, la cercanía de a penas unas cuadras para cuando cualquiera de los dos, necesitara del otro. Por eso, de tanto en tanto, cada que podía y sin ser invasiva, le preguntaba a Rolando por usted, por cómo estaba. 



Así fue que un día Rolando, me invitó acompañarlo a visitarla. Me sentí honrada y acontecida. Recuerdo que llegué muy temprano al punto de encuentro, que resultó ser en la comuna donde vivo, pero más cerca de la cordillera, en una de las calles en las que en mis paseos caminados, recorrí tantas veces porque es realmente de las más conservadas, con casas grandes, bonitas arquitecturas, árboles en las veredas, en los patios delanteros. La calle en cuestión era Luis Thayer Ojeda, y el hogar donde usted vivía quedaba pasado Bilbao. Era una tremenda casona años 50. Me acuerdo que esa mañana, cuando fui la primera en llegar, aproveché de memorizar ese instante, era comienzos del invierno, pero el día estaba despejado, el sol comenzaba a emitir tenues pero deliciosos rayos de luz, me fui llenando de imágenes, mientras pensaba en el bonito espacio urbano, que habitaba. Ese hogar si mal no recuerdo, lo encontraron gracias al pololo de Rolando, que cercano al mundo de las actrices de la tercera edad, dio con él. Y fue realmente un acierto, porque si bien no conocí su dormitorio, el resto del espacio, era agradable, amplio y hermoso.

Pero claro, era hermoso para los visitantes, para el equipo que trabajaba con las personas mayores que habitaban el lugar, porque tanto usted tía, como el resto de los residentes, no creo que se dieran mucha cuenta de lo que pasaba a su alrededor y sin embargo, siempre he pensado que vivir rodeado de bellezas, de una u otra manera, estás entran en nuestro inconsciente, haciéndonos apreciar, que más no sea en sueños, lo que nos rodea. 


No negaré que el tema de la no memoria, no recordar, es algo que me impacta de sobremanera y más cuando, después de tanto tiempo, volví a verla tía. Porque si bien era la Tía Delia, su rostro estaba más delgado, entera toda estaba más viejita y su rostro, como soñador que tenía, con esos ojos grandes, tenían una mirada perdida en quién sabe dónde y un hálito de desoriente. Debido a su condición, ya  no hablaba, así que era Rolando el que mantenía un diálogo con usted y le mostraba unas ropas que le había comprado para que se abrigara, como también de mi presencia, que la habíamos ido a visitar. 

No he tenido demasiado contacto con personas a las que se les va borrando la memoria, pero como a la Tía Delia la conocí antes de, me llamó tanto la atención ese estado como de ser y no ser a la vez. Ahora estaba más bien inmóvil sin que sufriera invalidez, por eso el requerimiento de ayuda 24/7 y el mismo motivo que nos llevó a levantarla de la silla, hacerla caminar, salir de la casa, no muchas cuadras porque se cansaba. Rolando nos llevó a un café bien bonito cerca de la casa hogar, donde él y yo pedimos para tomar y comer, mientras ella nos miraba y quién sabe si lo hacía, parecía que nos escuchaba y quién sabe. Esa rigidez corporal y al mismo tiempo la sensación como de flotar como nube, era la condición de la Tía Delia. Y sin embargo, recuerdo que en algún momento, no sé si antes de salir del hogar o en el café, la Tía Delia me sonrió y con Rolando imaginamos que algo del pasado quizás, recordó.

Al regreso del paseo, acomodamos a la tía en la sala de estar, que era realmente un espacio amplio, de techo alto, muy agradable, propio de las casonas de los años 50, con guardapolvo uniendo tanto el techo con la muralla, como ésta con el piso. Con un gran ventanal puerta que daba al patio trasero de la casa y por donde se colaban sendos rayos de sol, proyectándose sobre los rostros de estas mujeres de distintas edades, quienes sentadas como en un círculo, recibían este calor de medio día. En lo personal, encontré que era entre una escena bíblica y cinematográfica, tanto por la luz, cálida de invierno, que le daban un cierto tono como de cielo, donde las nubes blancas eran los cabellos de las mujeres mayores. Y cinematográfico, porque la escenografía compuesta por estas mujeres, de todas edades, acomodadas en asientos pegados unos con otros, formando un medio circulo, en una actitud de tomando el sol y que por sus rostros, notabase que lo recibían bastante contentas. Un espacio indudablemente agradable, acogedor, hermoso y donde aparentemente, pasaban largas horas de sus días/vida.

Me acuerdo que después nos fuimos caminando con Rolando, él con rumbo al metro y yo a mi casa. En mi ruta caminada, me fui paso a paso pensando en todo lo sucedido, visto, experimentado. Tenía tantas ideas, imágenes en mi mente, por un lado sentía pena, también añoranzas, pensaba y no dejaba de pensar en la Tía Delia, en esa situación en la que se encontraba, pero al menos, habitando una casa tan agradable, a la que quizás ni cuenta se daba. También pensé mucho en Rolando, en lo que significaba para él esas visitas, esa rutina, ese deber y encontrarse cada vez con su tía que sanguíneamente seguía siéndolo, pero emotivamente ya no. Me propuse llamarlo después, conversar de ello, pero cambié de parecer porque ¿qué tenía para decir? Tan solo abrazarlo y decirle que lo quiero mucho.

Y cómo es la resilencia del ser humano, que años después, para ser exactos 2020 la Tía Delia, fue contagiada por el Covid19 y pese a todo pronóstico, salió ilesa. Y sin embargo y por otro lado pienso por suerte, tanto por ella como por Rolando, murió el jueves 30 de diciembre del 2021.

Soy una ferviente creyente que las casualidades no son tales y que los hechos pasan por algo. Así es como sin volver a saber de la tía, el 29 de diciembre en la tarde, salí a pasear como suelo hacer siempre y los pasos, uno tras otro, tras otro, tras otro, me llevaron a mi querida y hermosa calle de Luis Thayer Ojeda, sacando fotos a cada uno de sus hermosos árboles, de las casonas antiguas que resisten a su destrucción, hasta que llegué a la esquina con Bilbao y evidentemente, me acordé de la tía, de esa visita, de su simpatía, de sus bailes. Recordé el sol entrando por la ventana puerta de esa casa y llenando de calor a todas sus habitantes, lamenté no poder volver a visitarla. Pensé en su sobrino Rolando, en todas los momentos que compartimos juntos él, la tía y yo. 

Hasta siempre querida Tía Delia, fue un placer y un honor haberla conocido, no la olvidaré jamás, como tampoco a su sobrino, aunque los hechos sean otros. Ojalá se encuentre con todos y todas las personas que extrañaba y que ahora pueda volver a viajar, por todos los sitios que más le gustaron. Cariños, abrazos infinitos siempre, para usted mi querida Tía Delia!!!

3 de enero de 2022

Quetzi !!!



Un año más desde tu partida,

aunque ya no sea jueves,

aunque la vida siga sumando año tras año.


He perdido la cuenta,

o no quiero sumar y constatar que los años sin ti, 

son mayores a los del tiempo que compartimos juntas.


Quetzi, querida Quetzi,

los 3 de enero como hoy,

son inolvidables,

marcadores,

me marcó tanto el llegar y no estuvieras ladrando y saltando,

me dolió de dolor punzante, cuchilla filosa, la forma en que mi papá indicó con el dedo dónde estabas.



Quetzi, mi querida Quetzi,

aunque estés en el patio de esta casa que ha sido tu hogar, el mío, el de nosotros los cuatro,

sigues en falta,

tu ausencia sigue presente, porque no están tus ladridos, tus pelos rastas adheridos a ti, pero ya no siendo tuyos,

está tu ausencia de fantasma ocupando un lugar cálido en mi cama,

será por eso que siempre siento que alguien entra a mi pieza,

como anoche,

cuántas veces voltié a la ventana sintiendo segura que alguien, algo, alguien, tu, quizás, entraba.



Quetzi, mi querida Quetzi,

compañera de los últimos y mejores años de nuestras vidas, transcurridas en México,

quizás no entendimos y traicionamos a tu raza, al amor azteca mezclado cono maya y es que no debimos venir, volver, traerte,

quizás por eso no duraste tanto,

quizás por eso, esa mañana que yo  no estaba en la casa, mi mamá tampoco y mi papá alejado de su centro, abrió la puerta y saliste corriendo, tenías prisa por volver, irte, regresar y pasó lo que pasó.


Será mejor pensar que fuiste la más astuta y en realidad volviste, regresaste, estás allá, nos miras desde la fantasmal casa de Gregorio Dávila y piensas en nosotros, pobres de esos cuatro que me querían tanto pero no supieron volver.

¿Será?


De una u otra forma,

de ser como sea,

no estás y tu ausencia sigue penando, llorando, lastimando, extrañando (te) !!!

30 de noviembre de 2021

Andrés !!!

 


Ayer pensaba en ti, en tu decisión, en cuál sería la verdad detrás de tu decisión. Miré hacia atrás, pensé en qué sería de tu vida hoy, 22 años después, los dos de la misma edad ¿te habrías casado? ¿serías feliz? Te lo confieso, cada que veo al mundo tan alterado, a la vida cotidiana, a la santiaguina, a la del país, tan convulsionada - para mal-, pienso nuevamente en ti, en tu situación, en tu decisión ¿Qué harías si estuvieras acá? de ¿qué color serías? ¿seguiríamos tan cercanos?

Ahora que no estás puedo contarte que tu opción, decisión, ha sido una constante en mi vida, una puerta a la cual abrir cuando ya no pueda más. Y  han sido tantas las veces que ya no puedo más, tan constantes y continuas como mis mismas ganas de vivir y así también, esas mismas ganas de ya no estar, son arrancadas una y otra vez, cada que la vida me cruza con alguien tan vital, hermoso, como tú o como otras personas mayores, que no dudan "aparentemente", en seguir luchando, con tal de seguir, seguir estando, seguir viviendo, las cuales aplacan, avergüenzan mi opción.

Primo amado, siempre amado, recordado en septiembre y en este 30 de noviembre, tu santo, el de mi papá, el de mi otro hermano. Tu, mi primo amado, hermoso, el príncipe que me tendió la mano, que no me la soltó nunca, no te olvidaré jamás y cada como hoy, a veces más contenta otras quizás no tanto, pensaré en ti, te escribiré y divagaré sobre la vida, estar vivo, seguir, continuar o tomar la misma decisión tuya. 

Porque nunca vendrá nadie a decirme o contradecir si acaso lo que pasó contigo fue porque lo elegiste o no, porque en realidad irías a festejarías hoy como hace 22 años, junto a tus padres el San Andrés y que esto fue un error, algo que salió mal. Aquella persona, para mi mala, que sembró esa duda en la familia en "los cercanos", durante un tiempo dejó su mala semilla en mi  mente, pero como no le tengo miedo a la muerte, ni al suicidio, no le doy un carácter de debilidad, sino que todo lo contrario, rápidamente deseché esa idea y recuperé la certeza que a pesar de ser Andrés el apoyo de todos, Andrés el de la sonrisa enorme, de dientes hermosos, de risa contagiosa, el que te daba la mano, el que te abrazaba cuando más lo necesitabas, el que siempre estaba, algo muy malo te estaba pasando para que ocurriera lo que sucedió. 

A ti no hay que perdonarte nada, simplemente lamentar que fuéramos tan seres humanos de mierda, que no vimos que estabas mal y no fuimos capaces, no pudimos, ayudarte, devolverte la mano, el abrazo, el hombro, sonreír a tu lado, reírnos juntos. Habría hecho todo eso y más por ti, espero lo sepas, no es excusa, pero de haber estado más conectados "esa es mi falla", de habernos visto más con seguridad habría mirado tus ojos para descubrir aquella pena extrema, ese color sin brillar, esa idea fija rondando tu rostro, aquella idea de injusta vida en la que sientes, sentías que no valía tanto esfuerzo, para qué más, para qué tanto. De haber estado, de alguna manera habría intentado revertir esa sensación, conversar mil veces contigo como lo hiciste conmigo, reírnos, tomar coca cola, tirarnos flatos, regalarte algo, abrazarte mucho, tomar tu mano enorme y no sé quizás, al menos, morirnos juntos, vivir juntos, ayudarnos juntos, superar ese trance malo juntos. Ay primito de mi corazón como te extraño.


Y así seguirá siendo siempre, mientras siempre esté. Nos vemos en septiembre, para volver hasta aquí en noviembre!!!!