26 de junio de 2013

Demasiada información


Tener mucha información, sobre alguien, alguien especial, sublime, maravilloso, ensoñado, no es tan bueno. Pese a mis ciertas capacidades y destrezas por encontrar datos, fotos, detalles, de pronto se va la vida en juntar, almacenar y acumular recuerdos, diarios de vida escritos por ambos lados, ensoñaciones, suspiros y demases, más no amor, no amores, no miradas.
Multiples zancadillas inconcientes muy concientes, para no buscar nada, la curiosidad más fuerte se tendió ante mi, todo, todo, lo que quiera, menos, menos, nada, nada, concreto sobre tí.

La maravillosa idea, sensación, ensoñación, de que eras a mi a quien mirabas ayer. El mariposeo estomacal y ese ocupar las ideas para pensarte. Nada, nada más, el instante revisado, analizado desde las infinitas perspectivas una y mil, millones de veces más y más..... hasta los sueños nocturnos viajaste.

Sin asomarme -todavía-, a la realidad cruel y colapsante en la que tu imagen desaparece y que solo un milagro podría hacernos topar y vuelvas a mirarme.
Me mires, sepas quién soy, existo, me mires, mires, sonrias, me mires, simple, hermoso y vital como las miradas.

Entonces pues ¿qué hago con tanta información sobre ti?

2 de junio de 2013

¿Madurar?

El otro día caminando por la calle, con el frío otoño rosando mis mejillas, pensé, pensé hasta que decidí, que asumiré que me voy a morir. Que no soy Hihlander, no soy inmortal.
He decidido asumirlo porque imaginar, soñar, pensarme distinta de pronto ya no me resulta muy convincente y para fuera (aunque sea lo que menos pesa) sueno más bien delirante, loca, casi estúpida, avestruz, escapista. Todas, todas, las palabras que más he odiado en mi vida.
Decido entonces que soy tan mortal como los comunes y tan común como los mortales.

De mirar mi cuerpo, mi cabello, las manos, los rasgos, del paso del tiempo hablan que efectivamente no hay tal detención, que ya no soy la niñita de Guadalajara, hace mucho tiempo que deje de ser una niñita para bien y para mal. Hace más tiempo todavía deje de ser de Guadalajara, pero ese es un estado que todavía puedo recobrar.

También porque pensé que de ser inmortal, tendría que vivir solita, renovando lazos, vinculos, año a año, centauro de centauro, porque evidentemente las personas que rodean mi vida, todas y cada una morirán, o se han ido ya.

En realidad el desarme a la creencia de ser inmortal, surgió como un precedente, el día que murió mi abuela Marta, para colmo en el día de cumpleaños de mi abuelo Titin. Ellos, los seres más hermosos, especiales y queridos por mi niña, adolescente y siempre, se fueron. Primero ella y después, tres años después mi querido abuelo Titin. Y si le ponemos memoria al asunto, sumemos a la Quetzi I, al Gregorio, a la Quetzi II, al Cuchi, al Atila, Gremnlin, Escobita. Y antes de muchos, mi papá. Creo que han sido las muertes, estas presentes y constantes muertes, las que hacen inentendible, incomprensible, infantil, creer que yo por alguna razón especial, soy inmortal a diferencia de todos los demás.

Si la inmortalidad, vista desde el común de la masa, es una distinción, algo más que especial que te toca con aquella varita dorada, entonces, entonces por qué murieron mis abuelos. Ellos, mis lindos, amados, especiales, encantadores, increíbles Titin y Marta, si eran las personas mas maravillosas del mundo y tras tener una vida extensa, entretenida, nutrida, variada, especial, interesante, llegó el momento en el que sin miramientos se murieron ¿por qué yo no iba a correr con la misma suerte? Y si le sumamos que después murieron todas y cada una de mis especiales, queridas, amadas mascotitas ¿por qué ellos si y yo no? Y además mi papá. El creador de toda mi historia, que sin él y sin mi mamá yo no estaría aquí, ¿por qué él si se muere y yo no?

Peregrina idea.
No tanto en realidad si asumimos que no es otra cosa más que miedo.
Miedo a morir.
A morir evidentemente, a que la sensación de no ser, no estar, desaparecer, no existir, materia que se evapora, que ya no es, que no responde, no escucha, no habla, no respira, que todo eso soy yo y que un día, quién sabe cual día, tendrá que dejar de ser, estar, latir, sentir. Miedo, miedo, no a lo desconocido y bien lo sabes, si no a dejar de ser, estar, sentir, latir. A no ser más. A que quizás siempre he sentido, unas veces más que otras, que mi vida no es suficiente, no ha sido suficientemente vivida, sentida, latida.

Pero eso es otro cuento. Que en realidad es todo un  mismo, un algo, un todo, pero paso a paso, estamos arreglando algunas cosas para llegar a otras o al menos, tratar de encaminarse a otras.

21 de abril de 2013

Necesidad por escribir.


Despertarse con la sensación que las manos se van tras una hoja un lápiz, necesidad de plasmar todo aquello que guarda el pensamiento, el corazón, las emociones, las últimas sensaciones, el alito de todos esos sentimientos reunidos minuto a minuto en el tiempo reciente.
Descubrimiento de historias, personajes, algunos todavía tienen el placer de caminar por la ciudad, esta ciudad, nuestra ciudad y mirando hacia el cielo, descubren hermosuras arquitectónicas y en susurros piensan "esto lo hice yo". Orgullo urbano, cariño por el lugar en el que se vive, material, concreto, adobe, ventanas, puentes comunicantes. Habitaciones sociales, sentimiento de llevar la belleza hasta los más desposeídos.
Haber o ser alguien, entregado parte de sí con todo el alma, corazón, energía y transformar, crear. Envidia de ser simplemente una pequebu incapaz de crear, entregar algo más allá de los locuras que salen por mi boca. Trascender no por el ego si no en dejar escencias maravillosas para la gente. La sensación de ayuda social, sincera, profunda, ayuda de abrir mentes, ideas, mostrar la belleza del verde árbol, tronco café, trasladar la hermosura del paisaje hacia aquellos, que por su destino azaharoso les fue concedido lo malo, lo poco, lo feo. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer?

Pienso en mi amado abuelo Titin, que dedico su vida en pos de la tuberculosis, salvó personas, les alargo la calidad de vida, acercándose a los más desposeídos, para los cuales la muerte era parte de la tradición familiar, porque para ellos no había médicos, las medicinas, la posibilidad de lograr una mejor vida, sana, saludable, larga. Ahí estaba mi amado abuelo, aquel caballero hermoso, alto, de cabellera blanca, las piernas, manos y pies más hermosos antes vistos. Con ese aroma a talco, agua de colonia, su sonrisa encantadora, recitando poemas chilenos de principios del siglo XX, bailando el tango que menena con cada una de las nietas. Ese mismo maravilloso, locuaz, encantador, bello, generoso, caballero, trascendió, trasciende todos los días de la vida que con los recuerdos lo traemos, veneramos, amamos y renovamos todas las acciones maravillosas que hizo.
Mi querido papá, con su locura creativa, sus impulsos, cultura, inteligencia, sacó adelante generaciones de historiadores en Chile, en México, de vuelta en Chile. Unos pocos en Santiago de Chile, que se les pueda escuchar su amor, veneración por aquella personalidad tan fuerte, energética, vigorosa, pero quienes lo conocieron, disfrutaron sus clases en sus mejores momentos y supieron comprender los malos instántes, para ellos, para nosotros, mi papá también trasciende todos los días en cada uno de esos profesores de historia que pululan por el mundo. Mucho más los estudiantes mexicanos, más agradecidos, inolvidables, presentes por siempre, pese a todos los peros porque la vida no es color de rosa, y a través de cada uno de ellos, de ese cariño que salpica desde el norte de América Latina hasta el Cono Sur, el amor y respeto por él crece, crece y se intensifica más y más.
Y quisiera ser como ellos, pero no sé por dónde, no encuentro el camino para salir de mi cómoda y pequeña burguesa existencia, de vidita pequeña, comodidades egoístas, nimiedades, vidita de mierda, que no trasciende, no crece, no encuentra como hacerlo y se queda atrapada, invisible, inservible. Queriendo ser - como mi mamá en sus años mosos-, misionera, ya no de África sino que de mi propia América Latina, cualquier cosa en la cual se trabaje para y por el otro, el sentido de entrega, de darse por completa, ayudar, guiar, servir, siempre late en mi interior. Desde acomodar la etiqueta de la ropa que sobresale, acomodar los hombros de las jóvenes hermosas que deambulan por las calles, hasta entregar no sé qué conocimiento, toda la ayuda posible, todo lo que en mis manos esté para que el otro, la otra, todos los de alrededor, sean lo más felices, sanos, contentos del mundo. ¿Para dónde ir? ¿Qué hacer?

Mientras tanto, en mi existencia pequeña y burguesa, voy nutriendo los ojos, el sentimiento, pensamiento, de viajes, mundos, lugares diversos y distintos, árboles enormes, pequeños, hojosos, con el otoño encima. Rodearse de naturaleza, plantas, aire puro, montañas, agua cristalina, sueños, pensamientos que viajan lejos, lejos, lejos, ideas que surgen, palabras, frases, el sonido de una canción, tararear una melodía.
La cultura que se abre, mirando siempre hacia arriba, el cielo, la copa de los árboles, descubrir caserones hermosos, los más ruinosos, de historias increíbles, soñar con esos tiempos majestuosos, cuando el mundo desde todas sus aristas estaban recién inventandose. Estilos, formas, diseños, veredas, ventanas, casas, caserones, castillos, edificios, puertas, rejas, entradas, hall, escaleras, pasamanos, mármol, adobe, cemento, vidrio, vitrales, biselados, guardapolvos, admirar, aprender, no olvidar, recordar nombres, épocas, aprender, aprender, soñar, evocar, suspirar, ensoñar.

Reencuentros coincidentes, asertivos, encantadores, renovar votos, amores, cariños, sentimientos que una vez surgieron, por un tiempo permanecieron adormecidos y hoy, de pronto, radical y absolutamente se ponen en pie. Hermanitas de la vida, amigos, sobrinas, hermano mexicano, añoranzas por tiempos de ayer que vuelven, regresan, están, se disfrutan. La felicidad que golpea el pecho hasta sentir que crece y casi revienta. La alegría que sale por los ojos, la risa, sonrisas imparables, belleza, cálidez por todas partes. Aquel temor de antaño que lo maravilloso en algún momento terminará, no asusta, lo que tenga que pasar que ocurra, mientras tanto se aprovechara con creces las sensaciones.
De pronto la madurez sabe a parar un poco mucho el acelerador, detenerse y disfrutar, amar, percibir el cariño, sentirlo y enviarlo de inmediato, sin pensar en cuanto durará. Un avejentamiento en la prisa de lo que se vive, ya no se corre, más bien se disfruta, se goza, para atesorarlo por siempre jamás en la caja de la memoria, de los olores, miradas, para siempre jamás.
La necesidad de escribir comienza a saciarse por ahora.
Gracias vida, gracias abuelito Titin, papito de mi corazón, amigos, hermanos, hermanitas chilenas, hermanito mexicano, familia, sobrinas hermosas, luminosas y queridas, árboles, hermosos parajes, sin ustedes la vida sería más pequebu de lo justo y necesario.

3 de abril de 2013

Cinco años.

Cinco años papurro de mi vida, cinco como el número que conformaba nuestro lindo clan, nuestra hermosa familia "los cinco". Cinco sin ti, eso si que es mucho tiempo, aunque como bien decimos todos, aunque fisicamente no estás, siempre de los totales estamos recordándonos de tí, de tantas, tantísimas cosas vividas juntas, dichas por tí, compartidas, viajadas, tanta tida compartida juntos papacito de mi cucharón.

Y en este símbolico cinco, tu sabes para mí siempre hay que estar buscandole el simbolismo a las cosas, el significado, el por qué ya que si no, no tiene sentido y en este cinco, en este año en el que sumas cinco, te contaré que vuelvo a México otra vez, como siempre, como tanto quería desde hace cinco cuando estando allá, se te ocurrió morirte. Ahora vamos de nuez, en agosto, a ver a los amigos entrañables, que se mantienen firmes frente al pueblo y además, sumando más y más, más nostalgias, más amigos y amigas del pasado, de aquel pasado que es nada menos que la vida misma, mi vida, la vida que tuvimos LOS CINCO en Guadalajara, la que nos dieron, la que nos diste, la que nos entregaste y ahora vuelvo, vuelvo otra vez más y eso me contenta como sabrás.

Voy a Ciudad de México a ver a los amigos chilanguitos y después todo el rato, el mayor rato a Guadalajara porque me reencontré con mis compañeras de la secundaria, con la siempre Rooncita, con Ricardo Delgadillo, Gerardo Enciso, tantos, tantos amigos queridos del ayer, que siempre serán mi presente, mi vida, lo que más, más amo y adoro. Asi que pues estoy feliz como lombriz, de volver a recorrer una  y mil veces las mismas calles, quizás todas distintas, pero las mismas calles, lugares, barrios, momentos, circunstancias que pasamos juntos LOS CINCO. Más y más razones para endiosarte eternamente papito de mi corazón, por haberme dado la gran oportunidad de conocer México, pese a las circunstancias y haber construído la que soy, la que seré y la que siempre amará con todo su todo a ese lugar maravilloso.

Cinco, cinco, cinco, Los Cinco, Cinco años, Cinco, cinco, cinco. Te quiero más que cinco pero te quiero cinco.

29 de marzo de 2013

Temor.

Suele ocurrir, no siempre, pero a veces, que después de una racha muy buena, pudiera ser que las cosas no se pusieran tan iguales. Y en este mundo del free work, el pecho se me aprieta y me pongo un poco nerviosa. Pienso en todos los gastos hechos, el codo se me encoje y siento que he sido la peor botarate del mundo y el judío que llevo dentro me ha fallado o más bien dicho, me regaña.

Pero trato de matener la calma, pienso en los gastos hechos: mi parte cooperación con la casa saldada por el 2013, los cachos salud y jubilación también saldados para este año, falta celular, el máldito gas para calentarse del frío invierno y en el horizonte, como el mundo se detuviera (ojalá) hasta ese instante, mi ansiado, ensoñado viaje a México. Y es que para la fecha sólo tengo dos trabajos seguros que podría uno más que el otro, durar todo el año, pero no alcanza.

Entonces surge ese deseo vital, siempre gatillante, estimulante, de no hacer nada, dejar que lo que tenga que pasar, sea y que Dios me coja confesada. Una porque confieso que después de mis últimas vacaciones, merecidas por cierto a causa de un agobiante exceso de trabajo, quedé un tanto desmotivada por continuar haciendo lo mismo, que casualmente es el oficio de mi trabajo pero.... Quisiera tener los tornillos suficientes para hacer otras cosas, bucear, buscar en otras áreas, escribir, pensar, leer, estudiar, investigar y que con eso, con eso tan maravilloso me pagaran por hacerlo. Irreal. Cambiar de rubro?, me da tanta lata pensar en qué rubro, jamás periodista a menos que fuera escribiendo lo que se me plante, dificil, dificil por no decir irreal. Entonces mejor agradezco lo que tengo y no sueño más de la cuenta. Pero la flojera, desmotivación laboral está ahí latente como los cucharazos del corazón. A lo mejor es una racha, racha propia del viaje ad portas, volver a mi amado México, donde siempre alojo la esperanza de encontrar a mi principe azul que salve mi corazón y la vida ya que estamos, aunque con la suma de años, comienzo a comprender -tristemente-, que fuera de los platónicos e irreales, el princiope azul, maravilloso, increíble, no existe.

Pero bueno, eso de creer que alguien aparecerá y salvará la existencia, es una quimera un tanto de enfermo mental y aunque mantengo un bajo perfil ante ese tipo de esperanzas, mejor es saber que nadie velará por tí más que your self.
Entonces vuelvo a pensar en que si tengo las cuentas pagas 2013, quizás de los quisares el objetivo está en que debo fluir como hoja de árbol y aprovechar el tiempo libre, mientras dure, mientras se pueda disfrutar y en él hacer todo, absolutamente todo lo que cuando pegada con las teclas en el computador, no puedo. Esa cosa que suele ser dificil de atrapar de "aprovechar el tiempo tal y cual se presenta", alejar del trasero el ají que pica como el pidulle y te obliga a querer estar, hacer, cantar, saltar, en espacios, momentos, situaciones, totalmente lejanas a ti, a mi en este caso. Es decir, cojereme confesada, rascareme la güatita y seré más que feliz y cuando los pensamientos del dinero, la falta, ausencia, escases de él aparezcan, tomaré un libro y con la tapa golpearé intensamente esas ideas, me haré la hippie y trataré de disfrutar de la vida de una manera libre, sin control, sin ataduras y en la más judía, tratando de "gastar" lo menos posible...............jajajajajaja

26 de marzo de 2013

Noches azules.

Parad los relojes, desconectad el teléfono,
dadle un hueso al perro para que no ladre,
acallad los painos y con tambores amortiguados
sacad el ataúd, traed al cortejo fúnebre.

Que los aviones vuelen lastimeramente en círculos
escribiendo en el cielo el mensaje "Él ha muerto",
rodead con crespones los blancos cuellos de las palomas,
que los policías de tráfico lleven guantes negros.

Él era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi mediodía, mi medianoche, mi conversación y mi canción;
yo creía que el amor duraba para siempre: me equivocaba.

Las estrellas ya no hacen falta; apagadlas todas.
Guardad la luna y desmontad el sol,
vaciad el oceáno y barred los bosques;
porque ya nada puede servir para nada.

(Blues funerarios de W.H. Auden)

22 de marzo de 2013

Agüitas varias.

Vamos de visita con Mariano, amigos y otros que no conozco a casa de Carla Morales o Javiera Moraga, es una de las dos. La casa es maravillosa, tiene vegetación dentro y fuera, cascadas en el patio interior, muchos ventanales por donde contemplar los árboles, plantas, verdes, flores, agüitas varias.
Estoy enamorada de Mariano, pero él está con otra chica aunque no viene con nosotros, él es muy amoroso conmigo todo el tiempo. La belleza de la casa y sus alrededores me despiertan los deseos locos de tomar y tomar fotos. Afuera llueve, mi cámara está en el auto de Mariano, le pido la llave, me pasa un candado enorme y colgando insignificantes, las llaves del auto. Salgo al exterior escuchando el La, la, la, de Serrat. Guardo el llavero de candado enorme en mi cartera, llego al auto y lo abro sin dificultad. Saco mi cámara y me pongo a tomar fotos del exterior de la casa.
Hay un puente que no había visto antes, que une la cascada con la casa, un puente de palitos de bambú "árbol de bambú", paseó sobre él tomando fotos a la casa, a la cascada, a los árboles, a los ventanales y las imágenes que en ellos se proyectan. Después por dentro, los puentes de madera de bambú son los pasillos de la casa, abajo el agua de la cascada que circula libremente, en color calipso a veces, otra verde esmeralda. La naturaleza bajo, sobre la casa y a través de las ventanas. Verde, verde, verde. Arboles enormes y frondosos, mucha vegetación húmeda.

Estoy dentro de la casa contemplando y tomando fotos, móviles de piedrecitas, cristales y campanas por varios ventanales. De repente me encuentro con Mariano, él está echado en un sillón, se siente mal, le duele la cabeza. Voy a sentarme a su lado, le aviso que el llavero está a salvo, el auto también, recuesta su cabeza sobre mis piernas, le hago cariño en la cabeza, él me sonrié, nos miramos fijamente. Aparecen los amigos, los que no conozco, la Carla o Javiera, la casa se llena de voces, de barullo, música, ahora estamos en medio de uan fiesta, Mariano y yo seguimos sentados y él echado sobre mis piernas, mirándonos sin prestar atención al resto que nos rodea.