De buenas a primeras no veo ningún pero al 2012 como para desear de todo corazón que se vaya, se vaya bien lejos y comience el nuevo año. Pero metiendo lupa y buscando con detenimiento encuentro algunas cosas, situaciones, hechos, circunstancias, que entre más lejos vayan amontonándose mejor será. Sobre todo aquellas de autodestrucción, dando por hecho que hay cero amor de mi hacia mi, aunque la premisa sea que el no amor del exterior hacia mi, hace sufrir tanto a mi corazón, alma, espiritu, que en vez de comprar la bazuca por tanto tiempo ensoñada, arremeto fuertemente contra mi hermosa y digna persona. Eso quiero borrar. Eso no quiero para el nuevo año que dentro de 4 horas 40 minutos llegara.
Tampoco quiero arrastrar ideas, situaciones, experiencias atormentadoras, personas malas, de sentimientos egoístas y que suelen hacer daño como quien abre y cierra un ojo. Dejar atrás todo, todo eso.
El que viene por el lado del amor, ha sido en todos estos años de mi vida, tan esquivo que no sé ya si perdir por él, un tanto desesperanzada del género masculino en general, todavía tengo que ir a México y terminar de decifrar si el problema está clavado en el extremo sur del continente americano o es un defecto de fábrica, pero en todo caso no es algo que fuera más malo en este año, sino más bien una constante de la vida que quizás el Supremo, el Elevado, el De Más Allá, decidirá si para este nuevo conteo de 365 días está o no pronosticado que llegue, que exista, lo conozca o no. A saber y tampoco me rebano los sesos esperando a por ello.
Pido porque los viajes, sobre todo uno en particular, de realizarse finalmente, al fin, por fin, cumpla con todos los requisitos míos con los que quiero, necesito llevar.
Del resto salud para Chávez, ojalá que no esté en su destino irse en este nuevo año.
También buena salud y vida para mi querido Fidelito.
Para cada uno de los miembros amados de mi familia, amigos, cercanos, lejanos, mexicanos, tapatios, amados, queridos, amigos, amores, hermanas, sobrinas, maire.
Salud, gloria y hermosura para Topito y Suki los gatitos amados de mi corazón.
El mejor entre los buenos nuevos años para disfrutar, gozar, reír, cantar, bailar, saltar, gozar, gozar, viajar, amar, viajar, buscar, encontrar, mirar, oler, saborear, colores.
Que todas y todos aquellos de sentimientos retorcidos,
intensiones curvadas,
pretenciones,
desaparezcan de la faz de la tierra,
de mi cerca,
de mi alrededor.
Sin esperar a sus muertes,
no se les queria tanto tampoco,
tan solo el deseo sincero y puro de no volverles a ver más,
jamás,
olvidar rostros, emosiones, sensaciones creidas de sentir juntos,
DESAPAREZCAN para siempre.....
Antes de desatar los impulsos de odio, rencor, miserias humanas, DESAPAREZCAN para siempre.....
Antes de desatar los conjutos de la ira, aquella que llega a todos los rincones y pretende acabar con lo que hace daño, con lo que me daña, antes, mucho antes si quiera DESAPAREZCAN para siempre...
Y de pronto pasó que se convirtió en algo importante, gravitante, latente...
daba pasos certeros por la vía adecuada,
el aire se respiraba tranquilo, el viento bailaba con las hojas de los árboles,
viento frío, cielo engricesido,
mirar el cielo, sólo baile de árboles, de pasos seguros.
La espera musical, de miradas curiosas,
ansiedad, interrogantes, sueños por soñar,
necesidad de soñar sueños por alcanzar,
imágenes de futuros posibles necesitados de soñar sueños posibles por alcanzar,
certezas,
claridades de pasos firmes por el sendero apropiado.
Tiempo, tiempo transcurrido,
el lugar, él, ellos, yo, ella, nosotros,
pequeñas palabras, sonrisas,
enrojecimientos,
hablar, hablar, agitadamente hablar, hablar, hablar,
miradas que se van lejos del horizonte, que se topan, que siguen viajando,
hablar, hablar, hablar,
ideas, esperanzas, sonrisas, hablar, miradas al horizonte, más allá,
toparse de miradas,
el lugar, él, ellos, yo,
interrogantes...
El horizonte, la necesidad de soñar sueños por alcanzar,
¿pasará?
¿una próxima oportunidad?
Luna llena, cielo gris, luna preciosamente llena, nubes blancas resguardándola,
sonido de voces, hablar, hablar, risas, sonido de voces, hablar, hablar, hablar,
distancia,
distanciándonos de ellos, de él, ella, yo, nosotros,
noche de cielo enegrecido, con luna llena, llenisima resguardada por nubles blancas,
el horizonte difuso, la necesidad de soñar sueños por alcanzar...
Hace unos días atrás estuvo de paso por Santiago, nuestro por siempre amado, ensoñado, hermano Antonio. Era un viaje relámpago y como tal, lo que más queríamos era estar con él la mayor cantidad de tiempo y en ese espiritu burbujiento, cerrado, egoísta que confieso me provoca todo, todos, todo lo que tenga que ver con México, suelo no querer compartirlo con NADIE.
Las situaciones finalmente se dieron fluidamente, por suerte y de ahí la enseñanza que saqué. Queriamos, quería que Antonio fuera única y exclusivamente de mi mamá, la Manu y mío. Que nadie más viniera, lo viera, para que las horas, pocas, pudieramos tenerlo entre nosotras. Y ocurrió que mi sobrina Violeta tenía urgentemente que venir porque necesitaba que la ayudaramos con una tarea para la universidad y bueno, ella es mi locura local, la amo con todo el corazón, es una persona maravillosa, luminosa, hermosa, me encanta, la amo indiscriminadamente y por supuesto no pude decirle:
- "no Viole, esta vez no puedes venir".
Es que no puedo hacer esas cosas, no con ella al menos, en realidad con nadie, no soy de negar prefiero ser más sofisticadamente perversa y negar, ocultar, mentir.
Entonces pasó que la niña, enorme, adolescente, preciosa de Violeta, mi sobrina, vino. Vino y en esa situación que obviamente solo yo puedo entender y que es lo que me hace matadamente "rara", ocurrió que sentí eso de que Ibarra (Antonio) estuviera durmiendo en su pieza (la de la Manu en realidad) y que Viole se paseara por la casa y que en cualquier momento ocurriera el encuentro. Encuentro de dos personas que no se conocen, pero que ella sabe perfectamente del amor total que profesamos por Ibarra e Ibarra sabe de la existencia de Viole porque yo le he contado. Pero por azahares del destino, nunca de los antes se había dado que se juntaran.
Y ocurrió que después de un buen rato en que Ibarra lograra ponerse al día con Morfeo, ya que llega una edad en que algunos ya no pueden ser azafatas tiempo completo y con su neceser muy mono, apareció en la galería del comedor Antonio. Violeta estaba sentada de espaldas a él en el comedor y fui precisamente yo, YO, yo, quien grito:
- Mira Ibarra quien está aquí. Mi sobrina Violeta, mi querida sobrina. Mira Viole él es nuestro hermano Antonio.
El uno conoció a la otra, se abrazaron, el beso correspondiente en la mejilla y todo bien. TODO BIEN.
Eso es lo bueno entre nosotros, entre todos, entre Antonio, la Violeta, que somos, son, somos, son, personas tan naturalmente naturales, relajados. Porque sin mediar preámbulo ni nada, de pronto estábamos los cinco (mi mamá, Antonio, la Manu, Viole y yo) sentados alrededor de la mesa del comedor hablando de la vida, como si los recién presentados se conocieran de toda una vida. De hecho Viole requería ayuda de HELP porque tenía en unas horas mas una clase-prueba sobre unos temas aburridisimos y densos, en los que todos la ayudamos para que le fuera súper bien.
Después Viole, en otra oportunidad comentaría lo encantador, simpático, tierno que le pareció Antonio. La voz maravillosa que tiene, ese tono calmo y pronunciado, el color de piel maravilloso y bueno todas esos grandes detalles que hacen que AMEMOS tanto a nuestro Ibarra.
Y lo que me gustó finalmente, después de todas mis taras existenciales, fue lo bien que resultó todo. Que se pudiera mezclar mundos, mezclar historias, mezclar vidas. Tanto que me cuesta por la cresta hacer estas cosas, siempre, de los siempre manteniendo mi mundo privado, especial, maravilloso, único e irrepetible que fue México, Guadalajara, Jalisco, México pero me alegra enormemente haberlo compartido con mi adorada, ensoñada, amada Violeta Cereceda Orrego.
Gracias a quien corresponda, ya sea Mister Dog, miss naturaleza, los árboles y su sabiduría infinita, gracias miles, de eternas por este maravilloso momento vivido, aprendido y espero que difundido.
Anoche me convertí en una de las personas más felices de los últimos tiempos. Desde que supe que la ZOE venía a Chile, sentí, pensé, que tenía que estar ahí. Tan pocas oportunidades que tengo desde estas latitudes para conectarme, encontrarme con la música que me gusta, me identifica. Pero todo indicaba que era o sería un sueño imposible, comenzando por el alto costo de sus entradas, siguiendo porque aparentemente tendría que ir sola (cosa que jamás me ha importado) y por último esa cosa rara que a uno se le mete en la cabeza de pronto, de que todo lo más maravilloso del mundo está a años luz de una y que mejor ni mirar, menos soñar, porque nunca lo alcanzaremos. Pues la historia cambió radicalmente porque finalmente y después de muchos pajeos mentales, terminé yendo (con mi sisterna Manucita) a mi ansiado, amado concierto de la ZOÉ.
Mientras berreaba como una más de la masa, que para mi pesar, digo con mucho respeto había mucha masa, pensé que mis gustos mexicanos en tierras lejanas era selecta y de mucho más que un simple outsiders, sino más bien de estar hablando en otro idioma, otra frecuencia. Que digamos de paso, me encanta, oveja nunca he tenido el espiritu, pero por otro lado pienso por un segundo que si esto se mantiene así de masivo, hay más oportunidades de que la Zoé vuelva y yo de escucharla. Aunque confieso que la idea de oveja me desagrada profundamente. Pero en fin, como decía mientras berreaba, cantaba, gritaba, saltaba, bailaba al son de los temas de Zoé, me pasó eso tan cliché, tantas veces dicho, tantas veces manoseadamente majaderamente expresado de que de pronto sientes que el universo entero desaparece y solamente estás en ese lugar oscuro, de humos por todas partes, aire a penas, la banda Zoé y su servilleta. Como si cada tema, cada entonación las dirigieran única y exclusivamente a mi, a su amiga, a la chica de corazón mexicano que no hace otra cosa en la vida que añorar, amar, ensoñar a México y que solo escucha música de México como ellos.
También pensé en aquella lejana vez, junto a mi sisterna Manucita, fuimos a escuchar a Los Caifanes, que venían publicitando su disco más malo pero en fin, era lo que había. Nuevamente fue un momento inolvidable, como ahora, especial como el de anoche. Rememoré (porque para eso mis padres me hicieron bien nostálgica), los viejos tiempos aquellos 1997 -1998 en Ciudad de México, al lado de Santa Sabina, de Los Estramboticos, de Plastilina Mosh, de La Gusana Ciega, en los cuales la Zoé recién comenzaba y nadie los soplaba mucho porque les llevaba un aire a hippie que daban miedo. Pero aqui miss mal gusto, ojo parchado ya les había echado el ojo, comprado todos los CD que de ellos había y los escuchaba en secreto para que no me molestaran los friends rockers mexican boys, demasiado rato.
Y es que ocurre que esa marca registrada llamada cliché, que les mencioné hace rato, de sentir que la Zoé y yo éramos los únicos anoche en ese lugar, aunque sea cierto que habia un ciento de rebaño de ovejas más o menos en la misma frecuencia, de los cuales muchos pertenecían a la comunidad mexicana, de todas maneras insisto, que esa conexión se debe fundamentalmente porque nos une el cordón umbilical irrompible de amor por México. De esos lazos para siempre, sólidos más allá de todo, como el que me une a mi hermano Antonio, a mis amigos de Guadalajara, a mi querida Beatriz. A mis queridos Laurita, Conchita, Patricia Medel, compañeras de la secundaria, compañeritos de la primaria. A mis superstar Santa Sabina, al Ruelitas, a todos aquellos personajes, personas, amigos, momentos, situaciones, que están tatuadas en mi corazón por siempre jamás. Y se que finalmente la verdadera felicidad, esa que llega de pronto, de estrella fugaz, de constelación maravillosa, dure lo que dure, esa me la ha dado a borbotones solo un "algo" "alguien" en particular, especial y por siempre jamás: mi amado México.
Por eso es la conexión, aunque el pop de la Zoé música de licuadora sea universal y todo se pueda acomodar dentro de una licuadora, no por ello me llega menos, no por ello me siento menos conectada, no por ello deje de ser extremadamente feliz anoche. Por ello, por ellos, por todas las razones del mundo, esta ecuación se escribe asi:
FELICIDAD = MEXICO = ZOE.
Supuestamente es Isla Negra, la casa de los abuelos, estoy parada en la terraza. Esta es abierta sin barandas, mirando hacia el mar como si éste formara parte de ese espacio.
El día está blanco, las nubes cubren el cielo, el mar espumoso está pálido en vez de azulado, y sus olas se rompe sobre las rocas.
Alguien ha muerto.
El ataúd lo han puesto en la terraza.
El ferretro también es blanco, por fuera y también el acolchado. La persona en su interior, una mujer mayor, está vestida con un pijama blanco y tapada con una sábana de seda en el tono, como si fuera una Bella Durmiente.
Cuatro cirios puestos en las esquinas del cajón, protegen su sueño eterno.
Llegan Antonio, Beatriz y la Manu.
Todos conocemos a la muerta. Nos acomodamos alrededor del ferretro mirandola dormir.
El mar encrespado distrae nuestra atención.
Vuelvo a estar sola, esta vez caminando en direccion a la entrada de la casa, de la playa, solo que está en el barrio de Bellavista, cruzo la puerta y la casa es de estilo colonial. En su interior, en el living, hay más gente de la familia, gente mayor quienes conversan sobre la fallecida y anécdotas de su vida. Los saludo y uno de ellos me comenta que cuando quiera puedo ir a esa casa a pasar el fin de semana, pienso "que fome ir a Bellavista de fin de semana".
Vuelvo a la terraza.
No hay nadie.
Con el ataúd detrás mío, me concentro en mirar el horizonte, que se ha puesto cada vez más y más blanco. Casi no se distingue el mar, las olas de las nubes. Siento la presencia de Antonio cerca mío, volteo y ahí está, le sonrió, él a mí y continúo mirando el mar.
Querido Papá,
Desde que tuve antecedentes de que habían reconocido y aceptado como propios los restos de Fernando Ortiz y de dos de sus camaradas comunistas (Lincoyán Berríos y Horacio Cepeda), pensé en ti.
Pensé en lo que ha sido nuestra historia de vida. La de una generación que soñó y unos más que otros, lucharon y arriesgaron por conseguir un mundo mejor. En la historia de los hijos de ustedes, como Las Tres gracias, como los de tus amigos, compañeros de sueños, militancia, esperanzas. La historia de los que trabajaron para darle vida a la Unidad Popular. Y lamentablemente la que comenzaría a escribirse a partir del golpe militar, unos desde el exilio y para otros, la detención, tortura y desaparición. Aquellos otros a diferencia tuya y de mi mamá, con todo respeto lo digo, que se la jugaron a mil, que decidieron quedarse en el país, pese al peligro que eso significaba. Aquellos militantes del Partido Comunista Chileno -clandestino, que ahora sabemos lo que vivieron durante meses o años, tiempo de angustia, cambiando apariencia, puntos de encuentro, tensión, nervios y finalmente ser apresados y desparecidos y que desde el recién pasado viernes los hemos recuperado.
Con Manucita nos aprontamos a Lynch norte 169, la casa de La Hormiguita, en nombre tuyo y de mi mamá acompañar a los Ortiz Rojas, en especial a la Licha, mi querida, irónica, tristona y linda Licha. Y todo el tiempo pensaba en ti, en que de estar, seguro habrías ido, de estar animado y energético para convertirte en la alegría de esa tarde-noche triste y especial.
Recuerdos ningun tengo de Fernando Ortiz, historias, historias muchas, contadas por tí siempre y ahora por mi mamá.
Vimos un diaporama con fotos de los tres compañeros. Me encantó verlo, adentrarse un poquito en cada uno, en sus vidas, con esa cosa medio fetiche que tengo al respecto de los muertos, pero con todo el santo y debido respeto que merecen. Imágenes de los hijos con Fernando, con la María Eugenia, en El Quisco, entre árboles. Me llamó tanto, tanto, tanto, la atención la sonrisa encantadora, en cada una de las fotos de la Licha, tan linda mujer, tan seria, al parecer hosca, dura, fría y en cambio la mujer más encantadora que he conocido. No de apretar mejillas, de derretirse como taza de azúcar, pero en cambio buena amiga, solidaria, sólida, directa, encantadora, con una agudeza, malulez, ironía, que confieso amo desde que la descubrí en el CODEPU y pese a que la vida nos separa en edad, historias y demáses, siempre trato de mantenerme, mantenerla cerca. Como supongo te debe haber pasado a ti con Fernando.
Y no puedo dejar de sentir, sin ánimo de ser ondera, que este fin de semana hemos sido espectadores de un acontecimiento histórico. Aunque muchos digan que lo será solo para los que pertenecieron a la Unidad Popular, quizás sea cierto, porque unos mucho más que otros, fueron las víctimas de la dictadura, los que se quedaron, los que permanecieron, lucharon, defendieron sin armas y fueron detenidos, torturados y desparecidos. Pero desde mi corazón amaranto y tratando de llevarte conmigo, querido papá, siento que el haber recuperado sus restos, es realmente un hito nacional. Que la bandera de la Plaza de la Constitución debería ponerse a media asta, porque aunque estamos emocionados, también estamos tristes, porque se les quería de vuelta con vida. Y aunque los medios de comunicación se hayan hecho de la vista gorda, los que llenamos, repletamos, nos apachurramos por estar con los Ortíz- Rojas, los Lincoyán y Berríos en Lynch Norte 169, el día viernes 27 de julio, sabemos la importancia que tiene este momento. Y tu también ¿verdad papito?
Recuerdo vagamente, estando en Guadalajara, cuando se enteraron que Fermando Ortiz había desaparecido. Los recuerdos son ultra vagos y nebulosos, pero sé que desde ese día un alo de seriedad, de aquella que uno sabe que reírse es malo, se apoderó de las iniciales F.O.L., del señor que hacía las reuniones politicas en la casa de Bustos, del que iba con su hija Licha a un club de campo cerca de la casa de los abuelos en El Arrayán. Del papá de la que sería mi compañera, jefa de trabajo en el CODEPU. El cuñado de mi loquera Pachi.
De esos lazos de cordón umbilical que se construyen, solidifican y que por tal, son para no destruirse jamás de los nuncas. Y bien sabemos tu y yo mi querido papá, que somos expertos, mandados hacer para guardar amigos, sentimientos, situaciones, por siempre jamás, en el corazón, en la memoria, en los recuerdos atesorados en las cajitas que nadie, nadie conoce la llave de seguridad. Así eran ya desde Guadalajara los Ortiz-Rojas para mí, que no los recordaba en lo absoluto, de los cuales no tenía ni fotos. Y que después al regresar iríamos renovando poquito, lentamente ese cordón. Con la imagen de Fernando en el ocaso, aunque pase lo que ocurra en el camino de la vida. Aunque algunos se porten de manera grosera, aunque parezca que olvidan con una ligereza digna de pequeños burgueses, aunque no se vean a diario. Pero cuando es requerido, necesario, de piel, necesidad de estar, acompañar, dar señales de existencia, uno está ahí. Como Manucita y yo, a nombre de Los Cinco, de ti papito.
Lo que no quiere decir que por encontrar sus restos, estamos preparados para dar vuelta la hoja, hacer el consabido y tan valorado "borrón y cuenta nueva" de tanto placer ligero que puebla este país. Porque si bien Fernando Ortiz, se forjo como un pilar fundamental en esta mochila de injusticias y de tristezas, todavía hay muchas otras personas a las que se les espera con las mismas ansías y con el deseo de que ojala aparecieran con vida. No estamos cerrando el capitulo vital de la historia de este Chile, simplemente estamos sumando capitulos, muchos más están por escribirse.
Seguramente de haber estado vivo querido papá, habrías escrito algo mucho más lindo que lo que trato de contarte, de dejar aqui, pero hago mi luchita, lo que me sale del cucharón, tratando de estar, a la altura de las circunstancias.
Te quiero siempre Andres Orrego Matte, mi padre querido, del cual heredé todas estas cosas, las más lindas y sentidas de la vida: la memoria, la historia, la nostalgia y la capacidad de tratar de atrapar estos momentos históricos para siempre, para jamás, para nunca. Para tí.
Desde la tierra para donde quiera que estés....