Pensaba juntarme almorzar con unas amigas, en un restorant que hace tanto tiempo le tengo echado el ojo.
Que nos juntáramos a tomar café descafeinado en El Observatorio.
Que el teatro era para ir acompañada, para chusmear antes, durante y después sobre las obras.
Para ir a un concierto.
Qué decir para viajar.
Y de pronto me dí cuenta que estaba posponiendo la mitad o más de las cosas que quiero hacer, porque estaba sola y sobre todo porque me sentía sola y que si las hacía todo el mundo se enteraría de mi estado solitario.
Entonces tenía que limitar cada uno de mis pasos,
encerrarme en casa y quizás esperar que me partiera un rayo o confundir el azúcar flor con el veneno para ratas y morirme de una buena vez.
Y no es que no me dé cosita hacer todas las cosas sola.
Con algunas no tengo problema, como con el cine, porque hace tantos años que asisto a todas las películas que quiero ver solita con mi música y humanidad, que eso no me importa en lo absoluto.
Pero este comienzo de año, tuve que ir al teatro sola porque después que una amiga me embarcó para ir juntas y después se arrepintió, siendo que yo ya tenía las entradas en la mano, no me quedó más que ir, ya que botar la plata es pecado mortal.
Pero ahora empiezan otros desafios,
como ir a comer sola a los restoranes que me gustan,
a tomar cafés descafeinados,
helados,
sentarme sola en la mesita, quizás escoger una escondida en un rincón, que para el caso dará lo mismo porque igualmente sentiré (egocentricamente) que todas las miradas apuntan a la que está sola.
Pero ocurre que aunque me señalen, murmuren que voy sola a todas partes (como si me reconocieran), es tan fácil como "lo haces o no" y si la opción fuera la segunda, sabemos bien donde está el veneno para ratas.
Hoy descubrí que finalmente, pese a todos los dolores de alma que cargo en mi corazón, algunos heredados y otros adquiridos con verdadero padecer, la mierda esa que de que "la vida continúa", además de soñar a teleserie venezolana, es la puta verdad y en ese transcurrir sin miramientos, se va mi vida...... y el que se vaya así nada más, así como si no tuviera peso, como si fuera más liviana que pluma de pajaro.......... eso duele muchisimo. Por lo menos a mi me duele muchisimo, porque siento mi propia voz, la valiente, la que hacía y deshacía sin miramientos porque era joven, porque tenía al mundo en sus manos o porque al menos confiaba en que así tenía que ser y que la vida había que vivirla.
Por lo cual, si me conocen y reconocen almorzando en algún restorant acompañada de mi eterna sombra, quizás podrían saludarme. Así como si me ven en el café El Observatorio o tomandome un pecado de tarde en La Escarcha o Bravisimo, lo más seguro que en el Copellia.
También puede que en un tiempo no muy lejano sepan que me mandé cambiar con rumbo a México, que finalmente volví a mi amada Guadalajara a reencontrarme como mis amigas de entonces. O quizás en Buenos Aires o tal vez Uruguay.........
24 años para un 24 de Enero.
Un año más y sumaremos un cuarto de siglo.
Y comienzan los recuentos, las vidas hechas por cada uno, donde está cada cual , en que posición, feliz, contento, pleno, con un cuento armado, con una vida transcurriendo, destruido, sencillo, con miles de interrogantes sobre la espalda.
Por mi parte puedo decir que si bien estoy aquí todavía, cumpliendo 24 años en este país que no logro hacer mío, que no alcanzo a querer,
como quiero a México, Guadalajara, Jalisco a quien continúo llevando dentro del corazón, del alma, de los recuerdos infantiles.
Todavía no supero y espero a estas alturas, no hacerlo jamás, la idea de no poder regresar a México, a mi Guadalajara, mi rancho, mi gente, mis frutas, colores, sabores, así solita como me encuentro pero llena de sueños y añoranzas.
24 años en un día 24
pareciera parte de una ironía de la vida,
jamás pensé llegar a contar tantos años,
tantos y lejos de mi amado país
como tampoco pensé llegar a ser tan grande,
contar tantos años en el cuerpo,
tantas historias, amigos.
Y es que sin mis abuelos,
sin mi querido primo Andrés,
sin mi papá,
sin el Gremnlin,
y tantas otras queridas personas que ya no están,
es lo que más me desagrada de seguir sumándole años a toda esta historia.
Me gusta el nuevo cuerpo que tengo, las formas que le puedo dar, los colores o estilos con los que lo puedo vestir. Pero pensé ingenuamente, que al cambiar de cuerpo, de realidad, de concepción humana ante el mundo, las cosas todas que no tenía cuando estaba inflada, llegarían. Y el tema es que todavía no llegan y me desespero mucho.
Ingenuamente creía que me perseguirian por la calle los hombres que antes me ignoraban, que tendría un éxito de cambiar el numero del celular, qué decir de la casa.
Y es que ayer caí de golpe y porrazo en la desilución, a una ilusión que me había hecho en esta intensidad que me acompaña todos los días de la vida. Creí ver cosas que no eran y el porrazo fue duro, me quise comer al mundo con mucha azúcar y panes y cosas energéticas y cálidas como el chocolate, como el calor y satisfacción que producen las azucares, a ver si así podía calmar la pena, desilución que sentía mi corazón.
A veces siento que no fui pensada para que alguien se enamore de mi, para que alguien me vea y descubra algo especial en mi, sigo sintiendo que paso a través de las personas sin que me sientan, sin que mi presencia cause algun derrame de baba.................. tantas parejas que se han materializado después que él se le acerco en la micro, en la vereda, en el paradero, en el cine. Es como si yo estuviera a años luz de si quiera pretender que me ocurra algo así. Es como si mi tiempo ya hubiera pasado y todo lo que pudiera hacer ahora para recuperar el tiempo perdido, mi tiempo, mi momento, como tener una nueva apariencia, como haberme desinflado, ya no importara.................... ¿y si fuera cierto?, si realmente las personas tenemos un tiempo................. ¿pero no era que el amor llegaba a cualquier edad?.
Estoy llena de dudas, de miedos, porque de pronto me veo aquí y ahora a punto de cumplir 42 mis amados y ensoñados 42, como el Verano del 42, cuando 4 + 2 dan 6 y seis es un numero lindo, par, que está dentro del Verano del 42, de mis 42, de mi año en 42 y siento como si en realidad ya no existiera espacio para mi. Porque a mis 42 no tengo marido, no tengo hijos, tampoco tengo gato, no tengo una vida total y absolutamente independiente como quisiera, como añoro. Soy tremendamente rara, diferente, distinta a los demás y es quizás eso que se me nota mucho, que en la cara se nota que soy una marciana tratando de vivir la vida de los terricolas y ellos, que generalmente son como harto tontos, justo tienen olfato para detectar marcianos y por eso me ignoran, no me miran, no me aprecian, me dejan pasar.
Estoy llena de dudas, de miedos y de la sensación que la soledad será mi mejor polola.
Y ayer fue como el día del bajón tras mi desilución y pensé que tendría que estar yendo a un lugar aglomerado de humanos y no en mi casa, que tendría que salir, estar, pero una también tiene una formación existencial y la mía como que está lencha. Tendría quizás que realizar acciones si bien no de ataque, al menos para mellar esta sensación de desolación, invitar amigos a la casa, compartir más con el mundo, desindividualizarnos y exteriorizar más.
No lo sé, ayer estaba convertida en una nada y de pronto descubrí unos dvd y eran uno mejor que el otro, puros documentales y peliculas interesantes y como que las ansias y la pena, la desilución se me pasaron mientras ocupaba mi mente y espiritu en escuchar las historias de otros. En regar mi jardín, en mirar al cielo, al Ailanto, a las estrellas, tratar de escapar de mi ombligo, escapar de mi, de estos pensamientos que están pero a veces muchas no las oigo tanto, no los oigo tanto porque si lo hago me hundo, me deprimo......
Pensaba mientras el año viejo se iba, que me gustaría recordar a mis amados seres que ya no están, por sus días de nacimiento que por los sucesos que hicieron que ya no estuvieramos juntos. Pensé en todas y cada una de mis amadas mascotitas que ya no están y ocurre que de ninguna sé su número, hora y día de la semana en que nacieron................ tenemos que buscar una forma alegre de conmemorar algo que si bien es triste, al menos la memoria hace las veces de alegría.
Por mientras y al más puro estilo cinematográfico, te recuerdo mi querida Quetzi. Es lindo pensarte 20 años después, trillosientos días en los que te he llorado, extrañado, nostalgiado y siempre, siempre querido.
Y a ti papurro, presente en la memoria de cada tres en tres.
Aquí me encuentro regresada de 5 días maravillosos en un lugar lejano, desértico y con mar, casi una poesía en moviento se podría decir. De vuelta a Santiago y con el alma, el espiritu santo alegres y dichosos de comenzar todas las tareas, objetivos, sueños que se me crucen para realizar. Quiero estar contenta todo el año y seguir memoriandolos a todos y cada uno, así como quieriendolos cada segundo más y más.
Los amo a los dos mucho, muchisimo!!
Querido Paire,
Siempre me pregunté si el festejo de San Andrés peras cocidas, era creación de la Tolita que te quería tanto o si realmente acontecía. Como no tengo mucha cultura "santistica", tampoco sabía quién era San Andrés, que descubro que es un apostol. El asunto en cuestión es que hoy vendría siendo el santo de mi pairecito amado, al que finalmente creo que después de la Tolita, nadie más le festejo con su senda fuente de frutas o al menos, sus peras cocidas "como decía él".
Así semos los humanos que valoramos y mistificamos lo que a veces, ya no tenemos cerca.
Para que no caigan las lágrimas y los mocos, nos queda la memoria y hacerte un sentido homenaje en éste tu día, en el cual a modo de dedicatoria te puedo decir que además de peras, ya están a la vista y deleite del paladar: duraznos, cerezas, guindas, damascos, fresas y otras tantas delicias estivales.
Te quiero mucho!!
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Querido primito amado,
Un nuevo aniversario que vuelve a enlutar y entristecer la existencia,
un año más que suma y sigue en el que ya no te tenemos cerca,
que no podemos pensar en encontrarnos en cualquier lugar de Santiago,
que me abraces,
que me digas lo guapa que estoy,
que nos tomemos un helado de chocolate
y al son de la Coca cola nos tiremos uno que otro flato orquestado.
La memoria sigue fresca,
porque el cariño que surgió espontáneamente,
era para siempre,
aunque en la totalidad no estuvieras para recibirla.
Pero a modo de consuelo en la imposibilidad del mismo,
atesoro el recuerdo de tu linda cara,
de tu sonrisa,
tus grandes ojos,
así como tus manos.
Las conversaciones existenciales y cálidas que tuvimos,
el enamoramiento que siempre sentí por ti, aunque tengo la impresión que siempre lo supiste, pero nuestra amistad era demasiado valiosa como para jugarsela............ las risotadas porque éramos los solterones de la familia,
en fin una eternidad de detalles, instantes, miradas, silencios, carcajadas,
que si bien ya no se volverán a repetir,
forman parte de la magia de traerte hasta aquí de tanto en siempre.
Te quiero y recuerdo en la misma cantidad, que suma y sigue de año en año.
“…. El árbol es un símbolo de todo el cosmos, no sólo en sentido físico, si no también moral. Es el árbol de la ciencia, del bien y del mal; es el árbol de la vida y el de la muerte; es en definitiva, el mundo….”
Caminando por calle Miguel Claro lo descubrí,
el día comenzaba a marcharse, el frío se apoderaba del aire,
los pajaritos ya no cuchicheaban ni bajaban a la tierra en busca de comida.
lo miré desde abajo, su inmensidad se venía encima,
traté de treparlo,
subir desde las raíces para llegar a sus nubes.
Desde la vereda, a través de las rejas del Liceo Lastarria se veía
queríamos alcanzar el cielo,
al cielo,
a los dioses del cielo,
saltando desde un brazo al otro,
mientras el aire era de ailanto.
Quería abrazarlo
lo abracé, acaricié y también olí,
el grisáceo de su tallo se mezcló con el azul del cielo,
de cielo azul oscuro,
mientras el verdoso de las ramas, bailaba junto a las hojas.
El aire ahora era de selva húmeda,
y en la cresta,
los rojos y anaranjados coronaban la primavera.
“flotando en el aire germinarás” – me dijo-,
mientras que otros ailantos volarán,
volarán y volarán,
hasta nacer en otros espacios.
Después que se murió mi Gogo, realmente yo quería morirme, quería morir esa noche para alcanzarlo en el más allá, para no separarnos jamás. Porque de veras que sentía que a mi existencia se le extinguía la luz propia, los ánimos más vitales que permiten amanecer cada día con bríos, impetus, sueños por cumplir.
Para colmo a la madrugada siguiente fue el terremoto y la larga historia. Pero a medida que fueron pasando los días y que mi dolor me tenía completa y absolutamente convertida en un zombie, fui clarificando mis ideas y sentimientos y todos me llevaban a odiarme y odiar todo, todo lo que estaba vivo. Odiaba mi casa por permanecer intacta, al menos podría haberse derrumbado conmigo dentro y así morir. Aborrecía la vida en sí, las plantas, los pajaritos que volvían todos los días por alpiste, a mis plantas que habían sobrevivido al espasmo terrenal y casi parecía que el estremecimiento les había venido de perilla, ya que se tornaban más hermosas, firmes, coloridas, las flores que nunca habían florecido nacieron, las suculentas que crecían de maneras extrañas volvían al redil. Los geranios se llenaban en otoño y después en invierno de flores, de colores nunca antes vistos.
Y mi actitud ante ello, era ignorarlos, no darles pelota, dejarlos a su voluntad, de hecho en veces pasaron varios días antes que los regara. Me daba tanta rabia constatar la belleza de mi jardín, la vida que pululaba en él, mientras mi corazón estaba vacio y mi Gogo yacía 53 centimetros bajo tierra.
Lo primero que me reconquistó y me hacía sentir vil y poco seria en mis lutos, fue la Bugambilia. Mi ensoñada Bugui de 12 años que de pronto en más se convirtió en la luz de nuestro jardín con el esplendor del rojo de sus flores, del verde de sus hojas, de lo picudo de sus espinas. Pensar que la Bugui era el árbol que yo quería plantar en México para echar raíces serias y así vivir para siempre allá. Y finalmente no logró ser y fue en el Chilorio donde vine a echar sus raíces....... aunque no sea el lugar elegido para dejar las mías.
Después poco a poco ha sido este florecer de todo lo que se mantenía tímido.
Los cactus y suculentas de la tina del patio, que simplemente los deje a su suerte porque los odiaba igual que a los otros y que en mi abandono, decidieron enormecerse, embellecerse y gritarme que les echara un ojo. Todavía confieso, que no les tomo demasiado en cuenta, es que fueron una obsesión tan intensa mientras estuvo mi Gogo, que después como que esa energía se fue igual que él.
Pero hoy me descubrí acomodando ladrillos, tablas de madera, para que las plantitas de maceta, crezcan con mayor alegría, nazcan nuevas y más bonitas flores, hojitas, sorpresas coloridas. Y pienso entonces en esto que es ESTAR VIVO, maldita sea. Porque si no lo estuviera, bueno nada ocurriría, pero uno al menos, debería saber MORIR EN VIDA, anularse de forma tal que todas las cosas de la vida que manifiestan vida, no te lleguen. Que no te importe la gente, los pajaritos, las plantas, la Bugambilia, lo que florece, lo que embellece, el resto de los gatitos y perritos, nada, nada.
Porque se supone que cuando desaparece radical, intensa y totalmente la energía de tu vida, de la vida, de mi vida, el mundo debería paralizarse de forma tal que todo lo que observo, huelo, constato-ingrato, no debería ocurrir. Uno debería quedarse sin los cinco sentidos después que se mueren los seres amados y así pasar por la vida, sin saber ni para donde, ni con quien, por qué, para qué.
No puedo agradecer la belleza de las cosas que me rodean, porque todavía me duelen, me duelen al pensar que mi Gogo ensoñado no las puede disfrutar. Resguardarse en la sombra de la Bugui, buscar el fescor de la hiedra, comerse los pajaritos que bajan por alpiste, buscar el calorcito de tantos rincones. No puedo, trato de negarmelo y a veces me resulta, pero en otras como hoy, me descubro en esta cosa injusta de que yo sí esté y tu no.