6 de septiembre de 2016

Los amigos paternos que están partiendo...

Querida mamita,
Anoche fuimos la Manu y yo a despedir a la María Eugenia Rojas, abrazar a la Pachi y a la Licha. 

Por primera vez en la vida, la idea de ir a un funeral, con o sin la Manu, no me significaba una ventana de vida social, quiero creer que en parte es madurez y en esa misma parte, la ubicación de los lugares, que da el crecer.
Pero el punto es que aquella misma madurez, provocó que desde que nos enteramos hasta el momento en el que fuimos para allí, la cabeza costó hacerla centrarse en el trabajo, había una ansiedad certera dando vueltas en el ambiente. No pude dejar de pensar en trivialidades bobas y tontas como que María Eugenia, no podría ponerle aceite de oliva a la ensalada, ver TV esta noche, mirar el cielo de esta tarde en particular, que según yo a raíz de su muerte, estaba realmente hermoso, rojoso, tan rojoso, capaz de volver a pintar en ese tono, nuestras desteñidas baldosas del patio. Aquello que se le conoce como un fulgor. El cielo estaba totalmente fulgurante en rojo, es decir, encendido, triste, apretado de corazón y alma, como nosotras, pero encendido.

La ansiedad seguía marcando la pauta de la tarde, pensaba en el día que te velamos, aquí mismito en mi pieza, volvi a ese momento, a toda al gente que vino, a los indeseables, a los queridos y cálidos que realmente estaban acompañánandonos y volví a la idea de ir donde Licha, donde la Pachi, el deber de estar aunque sea un rato a su lado, abrazarlas, contenerlas y realmente tenía una sensación como de desasón, quizás tímidez (¿yo?), no lo sé.
Y cuando finalmente llegamos a la casa, nada menos que a la de Pachi, el ver a toda esa multitud de rostros conocidos, por suerte muchos de mi pasado en común con Licha y Pachi, en el CODEPU, fue alentador un poquito, porque la tensión entre Manu y yo, era evidente. Intentando mover a las vaquitas viejas, que apiñadas impedían el paso, nos dirigimos hasta el féretro donde también estaba Licha. Fue una espera, que desespera, porque uno siente que quiere simplemente abrazar a la persona y salir corriendo y ese momento no llegaba. Pero ocurrió y nos abrazamos, bien apretado y solo atiné a decirle "ahora somos órfanas completas" y ella asintió. Creo que es la primera vez en la vida que abrazo tan apretado a Licha, además de sentir su mutuo y cálido abrazo para conmigo, fue lindo porque mientras ocurría pensaba en ustedes papito y mamita, en la María Eugenia, en el Fernando Ortíz, en esa cosa rara que ocurre cuando sucede, que le dicen el curso natural de la vida, que los papás maldita sea, se van y uno aunque sea grande, siente que no lo es tanto y se queda, se queda solo, rodeado a veces, de miles de personas.

Pensando en ti, en llevarle algo de tu parte también, para quien fue tan solidaria con nosotros, tan amiga, tan intima en su momento, llevamos una rama de Camelia la tejana, llena de flores, de unos cuantos botones a punto de explotar, para que siga florando junto a ella, que tanto, tanto, le gustaba la naturaleza. Y pienso justamente en eso, en que le gustaba la naturaleza, las plantas, los árboles, las flores y pienso que de haber sido otra yo, otra edad en la que la conocí, mucho más de conversación hubiéramos tenido...
Y bueno, ya estábamos ahí y sin embargo, al menos yo, como que quería irme inmediatamente. Los rostros canosos, teñidos y peinados al estilo ONG seguían llegando, apiñándose en el living de la casa de la Pachi, que como tal, no es una mansión. Pero también queriamos saludarla y abrazarla a ella, asi que hicimos ruta para devolver los pasos en su búsqueda, hasta que nos aconchamos en un rincón, por donde el paso de la gente embestía menos que antes. Y las casualidades especiales de la vida, como me gusta pensar que son y ocurren, estábamos con Manu, intentando acercarnos a la Pachi, cuando entra un hombre con una señora mayor, de bastón y guiada por este señor, una señora bastante mayor. Una mujer bajita, de pelo bien canoso y un poco crespo, muy linda ¿o será que me encanta la gente mayor y los encuentro a todos lindos?, no lo sé, pero era linda de todas formas. Y llegaron, nos voltearon a ver, nos saludaron, devolvimos el saludo y siguieron sus pasos hasta los familiares de la Eugenia. Después tierna y sutilmente me enteraría que era la hermana de Fernando Ortiz, aquello que al menos para mi, es emotivo, emocionante y me hace sentir, que guiada por mis paires, entro y salgo un breve instante, de aquellas vidas, historias, personas, amigos.

Finalmente logramos encontrarnos con Pachi, que sigue igualita, siempre menudita, con su pelito bien blanco, su carita como de pajarito, de pajarito pequeñito, un gorrioncito picarón, que sonrié y también muestra esos dientes completos y blancos. Siempre sencilla, con mucho estilo y elegancia. Nos divisamos entre medio de las muchas personas, mutuamente hicimos el esfuerzo de encontrarnos, darnos la mano, abrazarnos, abrazarnos bien abrazadas. Y la sentí tan pequeñita, ya no mi siquiatra, consejera existencial, ya no la que me acogía con sus palabras y guías para alcanzar una mejor vida, si no que esta vez, la mujer que se queda sin su hermana mayor, a quien se le nota triste, que ahora que la sabe lejos, que no estará más, comienza a pesar la ausencia. Y asi como con Licha, el abrazo fue bien apretado, bien sincero, con ganas de no soltarla en harto rato... 

Otros abrazos nos separaron y me quedé ahí medio atrapada por la gente, que seguía llegando o entrando y saliendo, los cuales impedían movimiento alguno. Es entonces en esas situaciones que uno echa mano de lo que tiene más cerca, como sus pensamientos... los cuales decidieron memorizar todo lo vivido, sentido, para después contarselo a mi mamita al llegar a casa. Hasta que caí en cuentas, para mi pesar pesaroso, que no estarías en casa esperando te contáramos cómo había sido, cómo estaban la Licha y la Pachi..... me dio un bajón de aquellos, una pena honda, recordar que no estás, que al igual que la Eugenia, también te fuiste, también estás muerta, que te le adelantaste hace tres años y dos meses... pero final de cuentas, igual de lejana, ausente que ahora ella, para sus hijas, para la Pachi.

2 de septiembre de 2016

Hubo un tiempo....

Hubo un tiempo en el que tenía una meta que alcanzar,
un lugar al que llegar,
el que me daba las energías,
la vida, la vitalidad para continuar,
para no desfallecer,
para sentir que pese a todos los peros del universo,
había un lugar único e irrepetible,
donde el sol brillaba más fuerte,
donde los colores eran más lindos,
qué decir los aromas,
el amor estaba en cada esquina esperándome,
los amigos, el amor, los amigos, el amor.

Y de pronto todo cambió,
más allá de los por qués,
lo que me duele
y me hace pensar cada que detengo la rutina,
el acelere existencial,
es que me quedé sin norte,
sin ruta, camino, horizonte que alcanzar,
ya no existe un lugar propio, único e irrepetible por el cual luchar, vivir, sobrevivir, esperar, para alcanzar.

Una parte de mi está total y absolutamente vacía,
se siente ahuecada de corazón,
no quiere como antes,
siente que ya no tiene amigos a quienes querer,
menos en quienes confiar, 
de un derepente la multitud desapareció,
la mesa larga, larga, larga llena de conocidos queridos, amigos queridos, se esfumó
y quedaron sentimientos oscuros, grises, tristes.

Ese vacío de tanto en tanto aparece en mi mente,
recordándome más que nada que hubo un tiempo en el que tenía razones, motivos, causas, sueños, que alcanzar, por los cuales luchar para llegar a ellos.
Hoy ya no,
de pronto a veces los días se tornan todos iguales,
grises, sin distinción,
en otras me acuerdo que pese a todo cuento conmigo, con mi sisterna Manucita, con el Tope, con mi hermosa casa, mi patio, las plantas, el aire, el sol, mis pies para salir a caminar, recorrer el mundo y que por más que cierre y cierre mi corazón, mi alma, los ojos al mundo, de tanto en tanto me encuentro con gente distinta, nueva, variada, que me quiere..... aunque intenten querer cambiarme, ignorando que jamás lo conseguirán, es gente linda, nueva, distinta, con la cual encariñarse. Pero como las experiencias algunas, se hicieron para servir en algo, pese a todo, pese a mi esencia sociable, de ahora en más existe un bichito, un algo, en mi interior que no me deja ya retomar esa energía, esa intensidad con la que antes vivía la vida ¿será mejor así?

No lo sé,
sólo sé que hubo un tiempo en el que creía que cuando el sol brillaba más fuerte, luminoso, amarilloso, era porque cosas buenas estaban por ocurrir, muchas de ellas quizás para mí, para ayudarme a alcanzar mis horizontes.... 

6 de agosto de 2016

.... ¡¡¡¡ 6, 7 y 8 ¡¡¡ ....

Días atrás constataba un tanto triste, 
que nunca más volví a tener amigos como tú,
ni como los de (CA),
que es triste pensando en que no ocurrió más,
pero me siento feliz que al menos,
existas tú, exista CA en pleno.

Me preguntó si será tema de la adultez,
de perder la capacidad de encontrar,
encontrarse
y ser feliz,
a diferencia de ahora,
en donde no encuentro a nadie más,
nadie como tu,
nadie como los CA,
en donde la alegría por estar juntos sea lo más importante,
donde no existen las traiciones,
menos las mentiras,
todo es casi idílico
y por tanto maravilloso.

Donde podemos hablar y conjugar la palabra amigos,
con toda la confianza del universo,
porque sabemos que estemos donde estemos,
nos pase lo que nos pase,
siempre, siempre, siempre,
llegarán estos días,
nos pensaremos,
volveremos a vernos,
a estar,
ensoñarnos,
querernos
y para qué más.

Felices días mi querido,
felices días mis queridos,
por siempre felices,
por siempre mis queridos amigos.....

26 de julio de 2016

.... ¡¡¡ Un nuevo 26 de julio ¡¡¡ ....

Hoy,
aunque ya no es un hoy como hoy,
ahora,
hace tres minutos,
de un día que no era martes como ahora,
si no que viernes,
como hace tres años,
la luz entró por la ventana,
acariciando cálidamente tu cara.

Mamita querida,
en un hoy, 
como hoy,
26 de julio,
de un viernes no martes,
a las 18:00 horas,
tu corazón dejó de latir,
tu carita de sonreír,
tus oídos de escucharnos,
tus ojos de mirarnos.

La tarde, más o menos como aquella vez,
fría, de invierno
y en algún lugar lejano,
no aquí, 
el sol entra por otra ventana,
calentando otros pies,
acercándose lentamente a otro rostro.

Hoy martes 26 de julio 2016,
tres años después de aquel viernes...
fuimos a llevarte un poquito más de nuestro amor, con la Manu,
adornamos todo con lindas flores,
una miga ave pimentón,
al son de margaritas azules y naranjas,
otras silvestres de por ahí,
sumado a tu cuarzo,
cortezas de árbol.
El susurro del aire cantó al son de muchos de nuestros temas familiares, para que tanto tú, como mi papá y los abuelos, se mecieran en sus diversas tonalidades. 
Siempre en nuestra memoria y corazón mamita hermosa!!!

... ¡¡¡ Tres años ¡¡¡ ...

Querida mamita,
Esta madrugada tuve algunos malos sueños, recuerdos de situaciones en la que no estuve a la altura de las circunstancias, contigo, pero aunque no sirva de consuelo, quiero que sepas, que desde que te fuiste, mi vida se partió en dos. Me quedé sin ningún afecto que haga latir fuerte a mi corazón, como final de cuentas lo hacías tú y mi papá. 
Ya no existen esos miles de amigos  con los cuales llenar una mesa larga, bien larga para mis cumpleaños, ahora en su mayoría, todos no son más que espejismos.
Comprendí posterior a tu partida, que no tengo a nadie incondicional como lo eras tú. Y supongo que tampoco nadie, nadie, que me quiera como lo hacías tu.

Porque eras mi mamá y solo las de tu rango, nos quieren para siempre e incondicionalmente a pesar de todos nuestros defectos y ahí es donde uno se confunde y cree que los amigos, las personas que se dicen cercanas, son una continuación del cariño que tu nos dabas, pero...

Tu muerte produjo un corte radical en mi vida, 
que al mirar para todos lados,
descubrí que jamás de los nuncas encontraría en la vida, en la tierra, quizás sí en el aire, entre las nubes, alojado entre las flores, alguien como tú. 
Con tu incondicionalidad, 
tu generosidad,
amistad, compañía.
Yo sé que me quisiste y te agradezco y a la vida también, por haberte tenido de mamá, 
a mi lado todo el tiempo que pudimos estar 
y que siempre, siempre será así,
aunque con gusto a poco sienta que pudo haber sido por más tiempo.

Te quiero eternamente mamita,
siempre estás en mis pensamientos,
en el corazón,
en los pasos que doy por esta ciudad que siento tan ajena,
que a veces en algunos rincones recuerdo situaciones vividas con ustedes,
de ti o de mi papá,
entre ustedes,
recuerdos de antes de nosotras
y por un instante un hilo conductor me une a ello
y después vuelta a la realidad.

Pero ahora sé que ya no es solo un tema de lejanía con este país,
si no que también con cualquier lugar a donde mis pasos me lleven,
porque sé que al volver,
no los encontraré a ustedes,
no podré contarles lo que vi,
lo que sentí,
conversé con otros
y es entonces que la intensidad de todo, pierde color, tono y sentido.

No quiero consagrar la vida a tu muerte,
preferiría hacerlo a tu vida,
a buscar retazos de tu niñez, juventud,
pasajes donde la vida salga por tus ojos,
por tu sonrisa linda,
por el remolino de tu pelo,
mi querida mamita linda.
¿Tu qué dices?
Besos miles de mi corazón para ti!!!

15 de julio de 2016

¿Por qué será?

¿Por qué será que aquello que amaste tanto?
¿Hoy detestas con la misma intensidad?
direccionando el sentimiento,
impuesto al corazón,
latir y sentir,
sin sentir y latir por tí.

Ráfagas descarnadas,
traslucen el amargor del sentimiento,
sin entender los cómo, 
el por qué a tanto empeño,
por aquello que no existía.

Volver y mirar,
con el amargor latente,
¿Por qué tanto empeño y con tanta pasión?
energía perdida,
hoy indeseable,
todo aquello que tanto se amó.

¿Corazón puro?
¿que no conoce el amor?
menos el correspondido.
¿Esperanza o salvación?
La suerte echada confiesa,
que quizás la vida, el destino o la historia,
lo decidirán.

12 de julio de 2016

Buscando a mis papás.

De chica no me interesaba escuchar a los mayores,
la TV contenía toda la magia e historias que mis ojos y oídos necesitaban obtener,
la magia de sus dramas,
el amor y sus pasiones, 
la música, coreografías y canciones,
pasó el tiempo 
y sumado a los regaños de mi papá echándome en cara los momentos desperdiciados junto a Antonio y los queridos amigos de Guadalajara,
aprendí a valorar esos momentos,
encontrar sentido y gracia al escuchar las historias de las personas mayores.

Como con mis amados Titin y Marta,
los tangos, las poesías, las historias que contaba mi abuelo querido,
ya fuere en su escritorio,
o su dormitorio 
o mejor aún, cuando salíamos a pasear por las cercanías de la casa.
Tomada de su brazo,
él hablándome de la vida, su vida, mi vida, 
escuchaba mis problemas, 
comprendiéndolos como nunca nadie, 
poniéndose en mi lugar como nunca nadie
e intentando aprendiera a separar y distinguir lo importante de lo que no,
lo exagerado de lo cierto,
lo importante de lo trivial,
para que no todo me hiriera o me ofendiera. 

O las historias que mi padre nos contaba de chicas,
en México,
historias de sus aventuras de infante, de joven, con su familia y hermanos, después con mis hermanos mayores, también junto a mi mamá, viajando por Chile, por el mundo. 

Narraciones maravillosas en medio de los viajes que hicimos por México, 
cada uno de esos relatos,
atesorados en mi memoria, 
que de cerrar los ojos vuelvo al momento exacto, 
ya sea dentro del Wolkswagen, 
sentados alrededor de la mesa,
relatando aventuras del Morro, en Buin o en Europa.

Historias maravillosas, 
sumado a la gracia infinita que tenía para contarlas,
hasta en sus momentos más malos, de mayor locura,
cuando hablaba y perdía el norte de lo que decía,
yéndose por las ramas,
sus relatos nunca dejaban de tener sentido,
aunque no volviera jamás a la historia primigenia,
aún en esos momentos, 
las historias eran divertidas, entretenidas y con mucha, mucha, descripción de ambiente.

Será por eso que en este momento de vida, "la que nos tocó", 
cuando ya no están ni mis abuelos, 
menos a mis papás, 
extraño esas instancias mágicas de sentarme, observar y escuchar a los grandes.....

Es entonces que los momentos vividos,
en compañía de mi querida familia - adoptiva, Acuña Moenne, 
vuelvo a reconocer y reencantarme al escuchar a mi Papito Vicho. 
Observarlo y escucharlo.
Mirarlo hablar, gesticular, mover las manos,
cerrar y abrir los ojos, la intensidad con que su rostro se iluminaba con una u otra historia, los tonos de su voz.

Escucharlo y mirarlo, 
en ese ejercicio algo de mis papás habrá, 
no lo sé, 
pero entre más lo miraba,
más parecido le encontraba con mi papá.... 
según yo tienen los ojos y la nariz parecida, 
aunque Don Vicente tenga una nariz más griega 
y la de mi papá era más tosca que se complementaban con unos enormes y hermosos ojos garzos, 
mientras que los de Papito Vichito son más chicos. 
El biológico alto, de tez blanca, 
el de adopción un poco más bajo y de tez más mora. 
Y sin embargo para mi son como dos gotas de agua, 
que reconfortan las tristes y nostálgicas ausencias a por uno y la alegría cercana a por el otro. 

Volver a mirar, observar y escuchar a Papito Vicho, 
quien va contándome sus historias, recuerdos, anécdotas, 
palabras, letras, oraciones, 
van meciéndose,
como navegando hasta entrar por mis oídos,
alojarse en mi memoria, 
para después ir a buscarlas
y rememorarlas,
como los ecos de las palabras, que volando están en el aire, de mis paires y abuelos amados.